Reproduzco ahora la respuesta, en mi opinión un tanto cínica, que el director de Milenio, Carlos Marín, dio a la carta de renuncia de Héctor Tajonar en el que este dijo que se fue de ese periódico porque le prohibieron criticar a Televisa y a Enrique Peña Nieto.
Adiós a los periodicazos
Basta leer en MILENIO a Álvaro Cueva o ver los cartones de Jabaz y Rapé para saber que Tajonar miente al decir que le pedí “dejar de criticar a Televisa”.
Le llamé hace pocos días, eso sí, para comentarle que sus colaboraciones trasminaban rencor hacia la empresa en que trabajó 20 años; recordarle que esta casa editorial está asociada en los sistemas de cable en el norte de México (para nada en la señal de MILENIO Televisión) con Televisa; que en este diario no hacemos campañas para denostar ni encumbrar a nadie, y le previne de que sus textos estaban descendiendo a nivel de periodicazos (de septiembre a la fecha, uno de cada tres contra Televisa).
Tajonar imagina que mi comentario es “resultado de una presión de los estrategas de Peña Nieto…”.
No, Héctor: desconozco quiénes y cuántos sean, y ni ellos ni nadie me ha buscado nunca para comentarme nada que hayas escrito jamás.
Carlos Marín
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miércoles, 21 de diciembre de 2011
Por dignidad Tajonar renunció a Milenio
Reproduzco enseguida íntegramente el artículo de Héctor Tajonar quien hoy renunció a Milenio porque le prohibieron criticar a Televisa y a Enrique Peña Nieto. Toda mi solidaridad con el señor Tajonar.
Apreciado Carlos Marín:
He reflexionado acerca de la breve conversación telefónica que sostuvimos la semana pasada y he tomado la decisión de suspender mi colaboración semanal en MILENIO Diario. Antes de exponer mis razones, quiero agradecerte el haberme invitado hace cinco años y medio a colaborar en este diario después de haber publicado, a solicitud mía y en calidad de columnista invitado, el texto titulado “¿La rebelión de las masas?”, fechado el 16 de julio de 2006. Desde entonces he podido expresar con toda libertad mi visión personal, independiente y crítica acerca del acontecer político nacional. Tu proposición de modificar esas condiciones me obliga a escribir esta carta de renuncia, con la atenta solicitud de que sea publicada en el espacio que tuviste a bien asignarme en Acentos.
Me has pedido que dejara de criticar a Televisa en mi columna, aduciendo que MILENIO Televisión está asociado con esa empresa para sus transmisiones en cable. Comprendo que en la actual coyuntura preelectoral mis puntos de vista puedan resultar disfuncionales para los legítimos intereses empresariales de esta casa editorial. Sin embargo, sabemos que en el ámbito de los medios de comunicación, los intereses empresariales se traducen en políticas editoriales. Ello me impide aceptar tu planteamiento. Permanecer en esas condiciones significaría no sólo coartar mi libertad de expresión sino convertirme en cómplice pasivo de una situación política con la cual no comulgo. Ha llegado el momento de marcharme.
Durante 40 años he estudiado la relación entre el poder político y los medios de comunicación, en especial la televisión, y como sabes trabajé en Televisa durante dos décadas. Por tanto, puedo decir sin el menor asomo de vanidad que cuento con las herramientas teóricas y empíricas para hablar acerca de estos temas con suficiente conocimiento. Así lo he hecho desde la soledad de mi escritorio y mi conciencia en este espacio del que hoy me despido.
Ahora más que nunca cobra actualidad la conocida advertencia de Karl Popper: La televisión se ha convertido en un poder político colosal, el más importante de todos… Se ha vuelto un poder demasiado grande para la democracia. Ninguna democracia puede sobrevivir si no se pone fin al abuso de este poder.
Televisa es el ejemplo más claro del abuso de ese poder sin control, su inocultable vínculo con el candidato del PRI representa una burla a las leyes electorales del país y el riesgo de un grave retroceso democrático. La televisora y el candidato tricolor constituyen un binomio político-electoral indivisible y, para muchos, invencible. Los concesionarios de la televisión han pasado de ser soldados del presidente a inventores de presidenciables. Por ello, dejar de criticar a Televisa, como me lo has pedido, equivaldría a dejar de criticar a Peña Nieto. No puedo aceptar el ejercicio de un periodismo amordazado.
Interpreto tu exhorto a la autocensura como el resultado de una presión de los estrategas de Peña Nieto, cuya función primordial es cuidar la imagen pública del candidato, la cual ha resultado un tanto dañada en días recientes. Entiendo que les haya incomodado mi texto publicado hace dos semanas en este espacio, titulado “Los dos Peña Nieto”, en el cual menciono que la popularidad del personaje está íntimamente vinculada al secreto mejor guardado por el candidato del PRI: el costo financiero y político de su alianza con Televisa.
Hace seis años, Santiago Creel fue derrotado en la elección interna del PAN por Felipe Calderón debido a que se dio a conocer que, siendo secretario de Gobernación, el delfín de Fox intercambió presencia en la pantalla televisiva por permisos de casas de apuestas para Televisa. Los artífices de esa táctica son los mismos que se han encargado de diseñar la hasta ahora exitosa estrategia de comunicación política de Peña Nieto. Es comprensible que la máxima prioridad de dichos estrategas sea impedir que el fracaso de la alianza de Televisa con Creel se repita ahora con Peña. Si alguien estorba es preciso neutralizarlo.
En consecuencia, se ha recurrido al método del PRI de siempre: cooptar o silenciar. El mismo que usaron antes Echeverría, López Portillo y Salinas. Surge ahora el neoautoritarismo peñista. El episodio del que soy protagonista involuntario constituye un grave precedente de lo que tendríamos si el candidato de la pantalla resultara vencedor en las elecciones del año próximo.
El disenso no debe equipararse con la enemistad. Felicidades.
Apreciado Carlos Marín:
He reflexionado acerca de la breve conversación telefónica que sostuvimos la semana pasada y he tomado la decisión de suspender mi colaboración semanal en MILENIO Diario. Antes de exponer mis razones, quiero agradecerte el haberme invitado hace cinco años y medio a colaborar en este diario después de haber publicado, a solicitud mía y en calidad de columnista invitado, el texto titulado “¿La rebelión de las masas?”, fechado el 16 de julio de 2006. Desde entonces he podido expresar con toda libertad mi visión personal, independiente y crítica acerca del acontecer político nacional. Tu proposición de modificar esas condiciones me obliga a escribir esta carta de renuncia, con la atenta solicitud de que sea publicada en el espacio que tuviste a bien asignarme en Acentos.
Me has pedido que dejara de criticar a Televisa en mi columna, aduciendo que MILENIO Televisión está asociado con esa empresa para sus transmisiones en cable. Comprendo que en la actual coyuntura preelectoral mis puntos de vista puedan resultar disfuncionales para los legítimos intereses empresariales de esta casa editorial. Sin embargo, sabemos que en el ámbito de los medios de comunicación, los intereses empresariales se traducen en políticas editoriales. Ello me impide aceptar tu planteamiento. Permanecer en esas condiciones significaría no sólo coartar mi libertad de expresión sino convertirme en cómplice pasivo de una situación política con la cual no comulgo. Ha llegado el momento de marcharme.
Durante 40 años he estudiado la relación entre el poder político y los medios de comunicación, en especial la televisión, y como sabes trabajé en Televisa durante dos décadas. Por tanto, puedo decir sin el menor asomo de vanidad que cuento con las herramientas teóricas y empíricas para hablar acerca de estos temas con suficiente conocimiento. Así lo he hecho desde la soledad de mi escritorio y mi conciencia en este espacio del que hoy me despido.
Ahora más que nunca cobra actualidad la conocida advertencia de Karl Popper: La televisión se ha convertido en un poder político colosal, el más importante de todos… Se ha vuelto un poder demasiado grande para la democracia. Ninguna democracia puede sobrevivir si no se pone fin al abuso de este poder.
Televisa es el ejemplo más claro del abuso de ese poder sin control, su inocultable vínculo con el candidato del PRI representa una burla a las leyes electorales del país y el riesgo de un grave retroceso democrático. La televisora y el candidato tricolor constituyen un binomio político-electoral indivisible y, para muchos, invencible. Los concesionarios de la televisión han pasado de ser soldados del presidente a inventores de presidenciables. Por ello, dejar de criticar a Televisa, como me lo has pedido, equivaldría a dejar de criticar a Peña Nieto. No puedo aceptar el ejercicio de un periodismo amordazado.
Interpreto tu exhorto a la autocensura como el resultado de una presión de los estrategas de Peña Nieto, cuya función primordial es cuidar la imagen pública del candidato, la cual ha resultado un tanto dañada en días recientes. Entiendo que les haya incomodado mi texto publicado hace dos semanas en este espacio, titulado “Los dos Peña Nieto”, en el cual menciono que la popularidad del personaje está íntimamente vinculada al secreto mejor guardado por el candidato del PRI: el costo financiero y político de su alianza con Televisa.
Hace seis años, Santiago Creel fue derrotado en la elección interna del PAN por Felipe Calderón debido a que se dio a conocer que, siendo secretario de Gobernación, el delfín de Fox intercambió presencia en la pantalla televisiva por permisos de casas de apuestas para Televisa. Los artífices de esa táctica son los mismos que se han encargado de diseñar la hasta ahora exitosa estrategia de comunicación política de Peña Nieto. Es comprensible que la máxima prioridad de dichos estrategas sea impedir que el fracaso de la alianza de Televisa con Creel se repita ahora con Peña. Si alguien estorba es preciso neutralizarlo.
En consecuencia, se ha recurrido al método del PRI de siempre: cooptar o silenciar. El mismo que usaron antes Echeverría, López Portillo y Salinas. Surge ahora el neoautoritarismo peñista. El episodio del que soy protagonista involuntario constituye un grave precedente de lo que tendríamos si el candidato de la pantalla resultara vencedor en las elecciones del año próximo.
El disenso no debe equipararse con la enemistad. Felicidades.
jueves, 13 de octubre de 2011
Marín, Puig, García Luna y Fernández Noroña
Todos sabemos que el diputado Gerardo Fernández Noroña es un impresentable. Él daña más a la izquierda que cualquier campaña de guerra sucia emprendida por la derecha.
Pero, bueno, lo que Carlos Marín hizo este jueves, en Milenio, para defender a Genaro García Luna de los ataques, mezquinos sin duda, que Noroña le lanzó al secretario de Seguridad Pública federal… eso fue todavía más mezquino.
Si Noroña fue ruin al atacar con cantidades industriales de golpes bajos a García Luna, Marín lo fue todavía más al ofender al diputado.
No sé qué compromisos tenga Carlos Marín con Genaro García Luna, pero vaya que lo defiende apasionadamente (lo hace con mucha frecuencia) cada vez que alguien se atreve a criticar al cuestionado secretario de Seguridad.
Otro que defendió en Milenio a García Luna de los ataques de Fernández Noroña fue Carlos Puig. Este columnista lo hizo con más inteligencia que Marín, pero creo que con mal español.
Puig tituló su artículo “¿Quién se coaliciona con Fernández Noroña?”. Creo que debió haber dicho “¿quién se coaliga con Fernández Noroña?”.
Si estoy mal, me gustaría que alguien me corrigiera, y en tal caso con gusto reconocería mi error y ofrecería una disculpa.
Pero si el equivocado es el señor Puig, bueno, pues que se disculpe él, ya que un profesional de la comunicación tan conocido y experimentado no puede salir con semejantes cosas.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
La defensa de Carlos Marín a Larrazábal
Lo grave de la columna de hoy del director editorial de Milenio no es el pequeñito y, desde luego, absolutamente perdonable error ortográfico en el título de su columna (le falta la tilde a la segunda “a” de “Larrazábal”) “¿Estalinazo ¡del PAN! contra Larrazábal? http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9025917.
Nadie es perfecto, ni Carlos Marín ni los editores y correctores del diario que él dirige. Así que no hagamos mayor escándalo por esa falta, que ojalá corrijan al menos en su edición de internet.
Lo lamentable de esa columna es otra cosa: la defensa que hace el señor Marín del presidente municipal de Monterrey cuyo hermano Jonás y sus principales colaboradores han sido exhibidos en videos recibiendo dinero de parte de directivos de los casinos.
Aunque es muy breve la columna de Marín, pierde más o menos el 20% de la misma en una disquisición intelectual con la que su autor, seguramente, quiso presentarse a sí mismo como un erudito, lo que claramente no ha logrado. Don Carlos más bien ha quedado como el clásico presumido. El arranque de su texto no me dejará mentir:
“Por variadas, contrapuestas e irreconciliables que sean, las ideologías se diluyen y convierten en una sola, despreciable práctica política: la del extremismo. Los extremos se tocan, y por eso no hay diferencias sustantivas en regímenes totalitarios, como no las hubo, para efectos prácticos, entre los falangistas de Franco, los fascistas de Mussolini, los nacionalsocialistas de Hitler o los comunistas de Stalin”.
A partir de ahí, Marín pone en duda la solidez de las imágenes que exhibieron a Jonás Larrazábal, ya que según el directivo de Milenio el hermano del alcalde no recibió 400 mil pesos, como se dijo en la nota de Reforma, sino solo 12 mil. ¿Y cómo le hizo Carlos Marín para contar ese dinero?
A partir de esa reducción al moche (como si solo recibir en forma ilegal 12 mil pesos, y no 400 mil, le diera valor moral al asunto), Carlos Marín cuestiona a “los extremistas del CEN del PAN” que se han atrevido a exigir a Fernando Larrazábal que pida licencia a su cargo de presidente municipal regiomontano.
Ya después, Marín hace suya la principal tesis de la defensa de Larrazábal para ganar tiempo (al que, se sabe, asesora Diego Fernández de Cevallos): que el PAN, antes de castigarlo, lo escuche. Por favor. Si todo el mundo ha escuchado a Larrazábal decir que él, por más evidencia que se acumule en contrario, nada tiene que ver con los irregulares casinos que han florecido durante su periodo en Monterrey.
La duda que me asalta es por qué, de pronto, Carlos Marín y los otros periodistas de Milenio se han puesto a defender a Larrazábal. ¿Por qué será? ¿Por amor al queso Oaxaca? ¿Por algo más?
lunes, 12 de septiembre de 2011
Entre Fernando Larrazábal y Ernesto Cordero
En marcha la maquinaria para apoyar a Ernesto Cordero, el renunciado secretario de Hacienda que Felipe Calderón busca imponer como candidato presidencial del Partido Acción Nacional.
Este lunes previo al Grito de Independencia el señor Cordero es noticia en todas partes. Ha iniciado su precampaña el delfín de Calderón y los heraldos de la buena y la mala prensa mexicana lo anuncian con entusiasmo.
Este lunes previo al Grito de Independencia el señor Cordero es noticia en todas partes. Ha iniciado su precampaña el delfín de Calderón y los heraldos de la buena y la mala prensa mexicana lo anuncian con entusiasmo.
Todo ayuda al protegido de Calderón, hasta los comentarios “objetivos” de periodistas afines al gobierno federal, como Ciro Gómez Leyva y Carlos Marín, en Milenio, y Jorge Fernández Menéndez, en Excélsior, que destacan la ventaja que a Ernesto Cordero le sacan en la carrera por la candidatura panista sus dos principales rivales, Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel.
Y más le ayudan al favorito de Calderón los columnistas “imparciales” Marín, Gómez Leyva y Fernández Menéndez destacando una opinión: la de que Cordero ha sido un buen funcionario público, un gran conocedor del mundo financiero global, alguien que estaba evitando la crisis económica y que, por tales motivos, tal vez no debió haber abandonado el gobierno porque expertos como él no abundan.
El bla bla bla de los columnistas que ejercen su libertad siempre, casualmente, coincidiendo con el punto de vista del poder, ni por equivocación se detiene a recordar que el “experto” economista Cordero dijo, con alegre cinismo, que las familias mexicanas podían, con seis mil pesos al mes, pagar colegio privado, casa y coche. Y que como secretario de Hacienda el señor Cordero negó, una y otra vez (y tal vez por estamos en problemas), que México estuviese en riesgo de contagio por la crisis económica de Estados Unidos.
Pero, particularmente, los periodistas “libres e independientes” que solo destacan las virtudes del precandidato de Felipe Calderón, no suelen acordarse de un hecho oscuro en la carrera de Ernesto Cordero, que sería el más usado por el PRI y por la izquierda en 2012 para dañar a don Ernesto en el caso de que este consiguiera la candidatura presidencial del PAN: sus relaciones, no explicadas pero ampliamente conocidas, con el impresentable alcalde de Monterrey, Fernando Larrazábal, quien fue nombrado coordinador de la campaña corderista en Nuevo León.
Después de la tragedia del Casino Royale, investigaciones periodísticas pusieron al descubierto que un hermano de Larrazábal, Jonás, y el principal colaborador del presidente municipal regiomontano, Miguel Ángel García, recibían dinero de los dueños de los casinos.
Eso desató tal escándalo que fue imposible evitar el daño político a Ernesto Cordero, quien fue exhibido por la prensa verdaderamente independiente (Grupo Reforma, Proceso, La Jornada) hasta en fotografías al lado de Larrazábal.
El PAN, en un proceso de control de daños, salió a exigir la renuncia de Fernando Larrazábal, pero cuando este parecía a punto de irse, de acuerdo a lo que trascendió, fue asesorado para que no lo hiciera por uno de los grandes lastres para la credibilidad democrática del panismo, Diego Fernández de Cevallos.
Así, Fernando Larrazábal no renunció y el PAN no sabe ahora cómo proceder. Lo lógico sería que el panismo lo expulsara de sus filas antes de que el alcalde de Monterrey termine de destruir a Ernesto Cordero. Pero en el PAN reina la indecisión y, tal vez, hasta el miedo de pelear con alguien como Larrazábal que conoce a fondo las relaciones del PAN-gobierno con las mafias que controlan los casinos en México..
Recordemos que los casinos florecieron en México con el PAN en Los Pinos. De hecho, otro fuerte precandidato presidencial panista, Santiago Creel, como secretario de Gobernación de Vicente Fox autorizó muchos de ellos, sobre todo a la empresa Televisa. Y los casinos siguieron consolidándose en el sexenio de Felipe Calderón.
Debe ser tan profunda la cloaca panista relacionada con el juego que, por esa razón, reina el desconcierto ante la rebeldía de Larrazábal, uno de los coordinadores de la precampaña de Cordero.
jueves, 23 de junio de 2011
#estamoshastalamadre
Mañana lluviosa. Día que bien empieza en el Distrito Federal y que con optimismo emprendo desde temprano, como siempre, atendiendo a mis niños, bebiendo una taza de buen café y leyendo lo diarios en el iPad (impreso ya solo leo Reforma, que por cierto es una complicación salir a recoger entre los charcos; ni duda cabe, el formato de papel para consumir opiniones y noticias está, sin lugar a dudas, absolutamente superado).
Mientras mis niños desayunan antes de que yo los lleve al colegio (por fortuna cercanísimo), veo en el iPad, masoquismo que no se me quita, entre otras columnas periodísticas las de Carlos Marín y Ciro Gómez Leyva de Milenio… Pero si yo ya sé lo que van a comentar, para qué les hago caso.
Los dos, Marín y Ciro, hablan sobre el diálogo que sostendrán el poeta Javier Sicilia y otras víctimas de la guerra del narcotráfico con Felipe Calderón. Y los dos reprochan al poeta que no vaya a asistir al evento el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna.
Carlos Marín y Ciro Gómez Leyva han defendido ya tantas veces al señor García Luna que empiezo a sospechar un affaire que rebasa con mucho los intereses periodísticos y políticos para inscribirse en las más profundas emociones humanas. Digo, cuánto amor el de esos periodistas a García Luna.
Marín lamenta la ausencia de Genaro García Luna con estas palabras:
“El que nunca ha faltado (a reuniones del tipo de la que hoy se celebra) es… ¡el secretario federal de Seguridad Pública!: el mismo cuyo cese demandó (Sicilia), a pesar de que la Policía Federal a cargo de Genaro García Luna resolvió el asesinato de su hijo Juan Francisco (Sicilia) y otras seis personas, y capturó pronto a los probables autores materiales e intelectuales. Pero, ¿acaso no tendría mayor sentido una reunión como la que vino promoviendo con la presencia de los principales implicados oficiales en la tramposamente llamada guerra de Calderón? En vez de festejar esas ausencias e ilusionarse con gestos, detalles o signos, Sicilia debió exigir que le pusieran enfrente a los mariscales clave”.
Gómez Leyva, a su vez, dice:
“No pateen esta extraordinaria oportunidad… creo que fue un error de la negociación excluir a los apellidos centrales: García Luna, Galván, Saynez”.
Si para ellos ha sido un error excluir de ese diálogo a los secretarios de Seguridad Pública, Genaro García Luna; de Defensa, Guillermo Galván, y de Marina Francisco Saynez, para el resto de los mexicanos ha sido un acierto. Porque lo que todos esperamos es que el movimiento de Javier Sicilia vaya con Calderón a decirle verdades, y ojalá las diga con absoluta crudeza, y no a escuchar rollo y rollo y más rollo acerca de estrategias bélicas que ya nos tienen ¡hasta la madre!
miércoles, 11 de mayo de 2011
Sicilia, Scherer, García Luna
No apruebo, pero entiendo, las críticas que algunos comentaristas de la prensa mexicana han lanzado contra el poeta Javier Sicilia. Ejercen su derecho columnistas como Ciro Gómez Leyva, Jorge Fernández Menéndez, Carlos Marín, Héctor Aguilar Camín, Juan Ignacio Zavala y Ricardo Alemán. No les gustó la #marchanacional encabezada por el poeta y han expresado su inconformidad en distintos tonos, desde el abiertamente ofensivo del señor Marín hasta el mucho más prudente de Aguilar Camín o Zavala. A estos periodistas no puede cuestionárseles por defender al gobierno de Felipe Calderón. A algunas personas nos gustaría que no lo hicieran, o que lo hicieran con menos vehemencia, pero si ellos han decidido militar para apoyar a un gobierno, adelante, nadie que crea en la libertad puede cuestionarles por eso.
Pero una cosa es estar en contra de Javier Sicilia o apoyar a Felipe Calderón, y otra muy distinta resucitar duras palabras de actores políticos o policiacos relevantes que, con toda seguridad, fueron en su momento expresadas por error, de bote pronto, tal vez de manera irreflexiva, pero que recordadas ahora parecen amenazas. ¿A qué me refiero? A una columna de Ricardo Alemán publicada en Excélsior. Se titula “Un poeta chamaqueado” y, más allá de la fuerte crítica al poeta, termina con unas ya viejas y espero superadas declaraciones del secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, que traídas a al actual debate, sobre todo después de la #marchanacional, suenan simple y sencillamente terribles.
A propósito de que Javier Sicilia pidió la renuncia de García Luna, con la que Ricardo Alemán evidentemente no está de acuerdo, el columnista presenta una hipótesis para explicar las razones del poeta. Cito al colaborador de Excélsior:
“En un ejercicio elemental de memoria, damos elementos informativos que podrían explicar una de las hipótesis de quiénes y por qué estarían detrás de la caída del titular de la SSP federal. El 14 de abril de 2010, en esta columna publicamos una charla informal con García Luna, en donde cuestiona el periodismo que hace apología de los barones de la droga. Dice Genaro García Luna que, a título personal, él está convencido de que Julio Scherer debe ser llamado a declarar por la PGR, luego de su encuentro con Ismael Zambada (El Mayo). Y reitera, ‘… a título personal’. Luego señala que si el asunto estuviera en su esfera de influencia, en tanto servidor público, ‘yo lo hubiera llamado a declarar’. Y dice más… ‘…si yo me entero del encuentro y existe flagrancia, los meto a la cárcel a los dos’: al periodista y al narcotraficante… Respecto a Jesús Vizcarra —candidato del PRI a gobernar Sinaloa—, García Luna dijo que hay muchas cosas poco claras, como su presunta relación con Ismael Zambada (El Mayo) —vínculo que se acredita en una fotografía tomada hace 20 años, en donde aparecen Vizcarra y El Mayo—, además de una versión que presuntamente vincula a los dos anteriores con el encuentro de Scherer y El Mayo. Explica García Luna. ‘Una versión dice que la fotografía de Scherer y El Mayo busca quitarle lo caliente a la fotografía de El Mayo y Vizcarra… y la relación de eso se explicaría porque el hijo de Scherer estaría en el equipo de campaña de Vizcarra’. Y aclaró, ‘es una versión que corre’...”.
Terrible que Ricardo Alemán diga que la demanda de Sicilia de la renuncia de García Luna tiene que ver con el “ilegal” encuentro que sostuvieron don Julio Scherer, periodista legendario que solo por eso merecería respeto, y el Mayo Zambada. Segura estoy, no puede ser de otra forma, que si García Luna realmente dijo las palabras que le atribuye Alemán, las expresó en un momento de rabia o de descuido. Es que, evidentemente, ningún funcionario de su nivel en su sano juicio declararía algo así. Pero, en cualquier caso, si en verdad García Luna dijo eso convencido de que le asiste la razón, hoy por ningún motivo lo diría. Porque, de plano, salir con semejantes amenazas después de la #marchanacional solo enturbia el ambiente ya bastante enrarecido.
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