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jueves, 24 de noviembre de 2011

Camacho

El Universal informa este día que Manuel Camacho Solis será el operador principal de la campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador. Así lo han decidido, se supone, entre el propio López Obrador, Marcelo Ebrard y Cuauhtémoc Cárdenas.

Esa es, me parece, una pésima noticia para MORENA, ya que Camacho no solo no cree en este movimiento, sino que lo ha combatido. Nadie en MORENA, ni López Obrador, confía en Camacho, que fue el artífice del acercamiento entre Ebrard y Felipe Calderón. ¿Por qué ahora Camacho manda?

La respuesta es: por el nuevo pragmatismo de AMLO, que ojalá a la larga no le resulte contraproducente.

El pragmatismo no es malo. De hecho, es bueno. Suele dar resultados cuando se acompaña de eficiencia. Un operador electoral eficiente, sin duda, sería de gran ayuda en la campaña de Andrés Manuel López Obrador. Y si tiene muy desarrollado el sentido práctico, mejor. ¿Es Manuel Camacho ese operador? No lo creo.

Camacho es pragmático en extremo. Lo de él, sin duda, no son los principios, sino los intereses. Y es, ciertamente, muy bueno en su especialidad: la política palaciega. Pero de ahí a saber qué hacer en un proceso electoral hay una gran distancia.

Camacho pocas veces ha sido candidato y nunca ha sido un candidato que haya logrado grandes victorias.

Cuando Salinas de Gortari fue candidato a la Presidencia en 1988, no entregó la coordinación de su campaña a Camacho, a pesar de que este era el hombre de todas las confianzas de Salinas. El candidato del PRI en aquel tiempo confió más en Luis Donaldo Colosio. Por algo sería.

En el año 2000, como candidato de un partido que pudo crear, el ya desaparecido Partido del Centro Democrático, Camacho buscó la Presidencia, solo para declinar a favor de Vicente Fox cuando vio que simple y sencillamente nadie iba a votar por él.

De hecho, ese fue el año del acercamiento entre Marcelo Ebrard y López Obrador, ya que Ebrard, que buscaba la jefatura de gobierno del DF por el Partido de Centro Democrático, dejó la candidatura para apoyar a AMLO.

En 2006, Camacho fue uno de los coordinadores de la campaña de López Obrador. Lo hizo tan mal que AMLO poco a poco lo fue alejando de las decisiones importantes.

¿Ahora será el operador electoral de AMLO, como dice El Universal? Me parece una broma de mal gusto.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Esa foto de la muerte de Michael Jackson



Ayer estuve viendo la televisión noticiosa estadounidense y no me sorprendió, claro que no, que una foto de la muerte de a muerte de Michael Jackson fuera la nota más destacada. Ni duda cabe, las celebridades lo son por la forma en que viven, pero incrementan su leyenda por la forma en que mueren. Si lo sabremos los mexicanos que cada año seguimos lamentando la muerte de Pedro Infante ocurrida ya hace tanto tiempo. En política, sin lugar a dudas un hombre carismático y lleno de virtudes, Luis Donaldo Colosio. Pero su nombre no sería el de tantas calles en nuestro país si no hubiese muerto, lamentablemente, tan joven y de una manera tan brutal. La muerte, el evento más importante de la vida...

lunes, 2 de mayo de 2011

Camacho, oportunista busca manipular el movimiento de Sicilia

En la biografía que Manuel Camacho Solís exhibe para presentarse ante los lectores de El Universal, diario en el que colabora regularmente, el ex regente del Distrito Federal, ex íntimo amigo de Carlos Salinas de Gortari y ex promotor de Andrés Manuel López Obrador, presume sobre todo el siguiente aspecto de su trayectoria: "Ha participado en importantes diálogos y negociaciones políticas". Es decir, el señor Camacho, ex jefe de Marcelo Ebrard Casaubón se considera a sí mismo todo un experto en acuerdos y pactos. Nunca he tenido su tarjeta de presentación en mis manos, pero supongo que en la misma dice, debajo de su nombre y arriba de su teléfono: "Se construyen pactos, negociaciones y acuerdos para toda ocasión y adaptados a cualesquiera principios".

Camacho, oportunista siempre, cada vez que ve surgir un movimiento social del tipo que sea, se mueve, opera, trabaja para manipularlo en su propio provecho ofreciendo lo que, se supone, él sabe hacer mejor que nadie: pactar.

Es lo que ha empezado a hacer con el movimiento contra la violencia encabezado por el poeta Javier Sicilia. Así las cosas, el señor Camacho ha usado su columna de El Universal de este lunes para ofrecerle al poeta sus servicios de "pactólogo". Su escrito, titulado "8 de mayo: iniciativa para un pacto" verdaderamente no tiene desperdicio. Palabras más, palabras menos, Camacho le dice a Sicilia: si quieres que tu movimiento sirva para algo tienes que negociar, y yo te digo cómo.

Cito al señor Camacho Solís: "El próximo domingo 8 de mayo habrá una significativa marcha contra la violencia. La convocatoria la han hecho Javier Sicilia y otros líderes sociales y organizaciones civiles. La marcha podría quedar en un acto de protesta, pero también está la posibilidad de que se convierta en el punto de apoyo de una gran iniciativa ciudadana a favor de la paz. Una que logre dar una respuesta diferente al problema de la violencia y la inseguridad. Esa es la oportunidad que habría que proteger, desde su organización hasta la propuesta y las acciones subsecuentes que de ahí surjan... Si nada más fuera una marcha de protesta, o si se convierte en una de confrontación, no lograría su cometido... Un llamado a un acuerdo mayor."

¡Qué bárbaro! En qué forma Camacho ha enseñado el cobre. Lo único que le falta, y ya tendrá tiempo de hablarlo con Sicilia a solas, será pedirle al poeta que perdió un hijo por culpa de la guerra perdida de Calderón, que lo nombre a él, a don Manuel Camacho, el nuevo comisionado para los pactos contra la violencia. Y de ahí, lo que venga. Si su pupilo Ebrard no crece, pues que sea el propio don Manuel el candidato de los pacifistas en 2012.

Ni duda cabe, genio y figura, hasta la sepultura. El problema con Camacho es que, a veces, lleva sus iniciativas tan lejos que provoca grandes problemas. Como cuando convenció a Carlos Salinas de que lo nombrara comisionado para la paz en Chiapas: esta fue una de las situaciones que enrarecieron la campaña electoral de Luis Donaldo Colosio y ya vimos lo que pasó. 

domingo, 1 de mayo de 2011

Salinas en el pantano

El pasado 25 de abril comenté en este blog acerca de dos columnas, en dos diferentes diarios nacionales, firmadas por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. Dije que a Salinas, con sus cada día más frecuentes apariciones en público, lo que menos le importa es el fondo de los temas que trata o de los problemas que debate. Este hombre sigue buscando, y sigue sin encontrar, la fórmula que lo reivindique ante la opinión pública mexicana, que termine por limpiar su imagen muy sucia desde los trágicos acontecimientos de 1994. 

Expresé que ni Gustavo Díaz Ordaz ha sido tan cuestionado y tan repudiado como Carlos Salinas de Gortari. Es comprensible que así sea, ya que si Salinas llegó de mala forma al poder (mediante el fraude electoral en contra de Cuahutémoc Cárdenas), dejó la presidencia de una manera todavía peor: heredando un conflicto en Chiapas, sin resolver los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruíz Massieu y dejándole a su sucesor, Ernesto Zedillo, un país absolutamente preparado para entrar en la peor crisis económica, y entró.

Hoy leo en Reforma un duro artículo de Gabriel Zaid en el que pone en su lugar a Carlos Salinas. Incluso abusando de su superioridad intelectual, el escritor le dice lo siguiente al ex presidente: "Desesperado porque le hagan un poquito de caso, Carlos Salinas de Gortari está en campaña de `Aquí toy´. (No se olviden de mí, ahora que vamos a recuperar la presidencia. El PRI necesita intelectuales de peso). Ha publicado dos libros de a kilo, como si el gramaje diera peso a los argumentos."

Realmente los libros "de a kilo" del señor Salinas dan pena. No he tenido la intención de leerlos, pero por rigor intelectual los tuve en mis manos un par de días (me los prestó un amigo) y en el primer repaso que les di caí en la cuenta de que están basados en fantasías que el señor Salinas fabricó para convencerse a sí mismo de que él, a diferencia de lo que piensan casi todos los mexicanos informados, fue un gran gobernante de México. Por esta razón desistí de leer al ex presidente. No tiene caso, él no sólo no es objetivo, sino que está lejos de ser intelectualmente honesto. Porque se vale, inclusive en la ciencia, analizar un problema sin objetividad siempre y cuando se actúe con honradez. No es el caso de Salinas.

Desde luego, recomiendo el texto de Gabriel Zaid "Ni lo ven ni lo oyen" http://www.reforma.com/editoriales/nacional/606/1210267/. Es muy buen análisis de las mentiras que Salinas se contaba a sí mismo y nos contaba a todos los mexicanos durante su gobierno, mentiras que ahora repite con espectacular cinismo en sus libros.

Es que, carambas, ¡miente en todo! 

Hace unas pocas semanas, el ex presidente reunió en su casa a un grupo de jóvenes priistas de todo el país muy interesados en el desarrollo de internet y muy activos en las redes sociales. Los invitaron de parte de Salinas a discutir con tan importante figura política asuntos como la trascendencia actual de internet, el alcance de twitter, la revolución que ha provocado facebook, etc. A los cinco minutos de haber iniciado la reunión, los internautas priistas entendieron que Salinas iba a hablar de cualquier cosa menos de internet y redes sociales, temas que simple y sencillamente no conoce. ¿De qué les habló Salinas? Pues de su libro, de qué más. No sólo los aburrió con su perorata, sino que los decepcionó ya que, es un hecho, ningún líder medianamente eficaz en el mundo actual desconoce la relevancia de internet.

Engañados, los mencionados jóvenes priistas acudieron al domicilio de Carlos Salinas en la ciudad de México no para conocer el punto de vista de un político sobre las redes sociales, sino para ser adoctrinados en la única biblia en la que cree Carlos Salinas de Gortari, sus libros "de a kilo".

Ya entenderá Salinas que, sobre todo por los asesinatos políticos de 1994, él se mueve en un pantano, de tal modo que mientras más se mueve más se hunde. Le iría mejor si ya se quedara quieto. 

lunes, 25 de abril de 2011

Carlos Salinas

Hoy vi en la prensa, es decir, en las versiones de internet de dos diarios nacionales, sendas columnas firmadas por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. No voy a analizar el contenido de los escritos que Salinas difundió en El Universal y en Reforma porque, aunque esta persona escribe con propiedad, lo que ha dicho hoy, evidentemente, lo ha expresado ya en el pasado muchas veces.
Cada vez que Salinas se presenta en público, ya dictando una conferencia, ya presentando un libro, ya publicando artículos periodísticos, lo que a él menos le importa son los temas que trata. Lo que el ex presidente busca, con una terquedad digna de mejor suerte, es reivindicarse, limpiar su imagen, convencer a los mexicanos de que es falso todo lo que se dice de él desde el terrible año de 1994.
Ni Gustavo Díaz Ordaz ha sido tan cuestionado y tan repudiado por la opinión pública como Carlos Salinas de Gortari. Este hombre es, sin duda, casi veinte años después de que dejó Los Pinos, una figura pública sólo apreciada en ciertas élites, pero literalmente detestada por la inmensa mayoría de la población mexicana.
No es para menos, ya que si Salinas llegó muy mal al poder (después del gran fraude electoral de 1988 en contra de Cuahutemoc Cárdenas) se fue todavía en forma peor, infinitamente peor, del gobierno. Lo que pasó en 1994, el último año del periodo de Salinas, fue terrible: el levantamiento zapatista en Chiapas y los asesinatos de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI, y José Francisco Ruíz Massieu, un personaje muy importante en aquel sistema político.
La gente en su momento, con o sin evidencia, culpó a Carlos Salinas de los hechos anteriores. Justa o injustamente, Salinas quedó marcado para siempre por esos hechos, a los que se sumaron en diciembre de 1994 y en los primeros meses de 1995 otras dos situaciones muy lamentables. Me refiero a la peor crisis económica de la época reciente, en la que comparten responsabilidades por igual tanto Salinas de Gortari como su sucesor Ernesto Zedillo. Y me refiero también al arresto, acusado de homicidio y de graves actos de corrupción de Raúl Salinas de Gortari.
La suma del conflicto en Chiapas, los asesinatos políticos, la crisis económica y la puesta en evidencia de la gran corrupción de la familia Salinas, acabaron definitivamente con el prestigio del ex presidente que se tuvo que ir lejos de México durante varios años. Desde Irlanda o desde Cuba, Salinas se dedicó a observar cómo su nombre y su imagen eran destruidos durante cada día de los seis años del gobierno de Zedillo. Uno de los objetos más vendidos en las calles de todo el país eran las máscaras de Carlos Salinas de Gortari, por mencionar sólo un dato que ilustra el nivel que alcanzó su desprestigio.
Cuando Zedillo dejó el poder, Salinas decidió emprender una campaña para reposicionar su imagen. Lo ha intentado todo durante ya mucho tiempo y es muy poco lo que ha logrado. En mi opinión no tendrá éxito en su proyecto de limpiar completamente su imagen. Porque no es poca cosa lo que hizo o, en el mejor de los casos, lo que millones de mexicanos piensan que hizo. Le sobran amigos en los medios, en la política y en el sector empresarial, sin duda. Pero le falta apoyo popular. La gente no lo va a perdonar, desde luego por el tamaño de las faltas que se le atribuyen, pero también porque insiste en pelear de tú a  tú con el líder político de izquierda más aceptado entre la gente de menores ingresos y entre los intelectuales que nada le deben al señor Salinas.

jueves, 21 de abril de 2011

¿Y el dolor de ese padre?

Al finalizar la reciente marcha por la paz en Cuernavaca, el señor Javier Sicilia me concedió una breve entrevista.

Esperaba encontrarme con un padre de familia abatido, entristecido, dolido, atormentado por el asesinato de su hijo. No hubo tal. Entrevisté a un activista, a un guerrero, a alguien decidido a que la justicia impere en nuestro país.

No critico al poeta metido a luchador social. Nada de eso. En verdad agradezco que existan personas como el señor Sicilia, dispuestas a hacer lo que otras no podemos.

No es, desde luego, el primer poeta que se compromete con una causa, que participa en una guerra y que se lanza con todo a combatir a la injusticia. Hace algunos meses se celebró el centenario de Miguel Hernández, que no vaciló en tomar las armas contra el fascismo en la guerra civil española.

El hecho es que en Javier Sicilia, como en algunos otros que han perdido a un hijo en situaciones de violencia, el dolor de la pérdida ha dado paso a la rabia del activista.

Es el caso de Isabel Miranda de Wallace, una maestra que se convirtió en figura pública exigiendo justicia para su hijo asesinado y secuestrado.

Ha sido también el caso de Alejandro Martí, que adquirió notoriedad en las protestas que generó el homicidio de su hijo y que, por lo mismo, ha sido candidateado para diversos cargos de elección.

Fue el caso de don Luis Colosio Fernández, padre de Luis Donaldo Colosio; don Luis hasta un cargo de senador obtuvo por su exigencia de justicia.

Y es también el caso de doña Rosario Ibarra, actual senadora que lleva décadas no solo recordando a su hijo desaparecido, sino consolidando un importante movimiento nacional a favor de los derechos humanos.

Ellos, debido a circunstancias especiales, pudieron transformar el dolor causado por perder a un ser querido en el sublime compromiso con una causa nacional. Y su lucha, sin lugar a dudas, les ha hecho superar el sufrimiento.

¿Qué decir de los padres y madres que no han logrado convertir el dolor en liderazgo social o político? Lo obvio: que son padres y madres que no pararán de sufrir por la injusticia que no cesa, por la impotencia que nada remedia y por el miedo de que los asesinos vuelvan.

Los protagonistas de la guerra contra el narcotráfico, sobre todo Felipe Calderón y los mandos de la policía federal, el ejército y la marina, suelen prestar atención a los padres y madres de asesinados que se convierten en símbolos en la lucha contra la injusticia.

Entre ellos dialogan, se entienden o se critican, lo que en última instancia poco significa.

Fue una buena frase que quedó en eso, en solo una frase,  la exigencia de Alejandro Martí de “si no pueden, renuncien”.

La señora Miranda de Wallace empieza a dejar de ser escuchada por el gobierno porque su voz cada día incomoda más.

A don Luis Colosio lo ignoraron y aun lo usaron haciéndolo senador.

Doña Rosario simple y sencillamente es aborrecida en las cúpulas del poder político y militar.

Y Javier Sicilia, por sus protestas, ya es visto como un opositor político al que más le conviene al gobierno repudiar.

No, no es a unos cuantos líderes surgidos del dolor a quienes se tiene que escuchar. A los que debe atender, en forma urgente, es a las decenas de miles de padres y madres de asesinados que siguen llorando de dolor, los que no han alcanzado el consuelo  del heroísmo en la lucha contra la injusticia.

Ya no debe ser la estrategia bélica, sino la tristeza de decenas de miles que han perdido a un hijo lo que debe guiar la conducta de quienes insisten en que es justa y correcta la guerra contra el narcotráfico que a muchos, a millones en México, nos parece totalmente absurda.

miércoles, 23 de marzo de 2011

#Colosio

Cómo no recordar hoy, a 17 años de su muerte, a Luis Donaldo Colosio Murrieta, el honesto sonorense, el político de la mirada buena, el hombre que fue asesinado, cobardemente, en un claro acto de traición, sólo porque deseaba, y trabajaba para hacer realidad su sueño, cambiar a México, que en 1994 para millones era un infierno de injusticias y desigualdades.

No dejaron llegar al sonorense de la conciencia limpia, al ser humano de excepción que hacía, cómo no mencionarlo, una pareja simplemente maravillosa, inolvidable, con su mujer Diana Laura.

No, no lo iban a dejar llegar al poder. Porque estaba decidido a cambiar el sistema que sólo favorece a unos cuantos al tiempo que mantiene en la miseria a millones.

Iba a arrasar en las elecciones presidenciales de 1994, sobre todo por su discurso del 6 de marzo, en el que, tal vez con demasiada anticipación, anunció que rompía con el viejo sistema para construir uno nuevo.

Por eso lo mataron. Para impedir el cambio. Y por eso México está ahora, 17 años después, en una situación bastante peor que la de 1994: con más pobres, con más violencia, con menos generación de empleo. Por eso México, como nación soberana, está en riesgo.

Yo era una adolescente, casi una niña, cuando le dispararon a Luis Donaldo. Sí, a Luis Donaldo, lo llamo por su nombre y le hablo de tú, porque me inspira confianza, porque lo siento muy cercano.

Su muerte marcó un antes y un después en la política mexicana. A todos nos marcó su fallecimiento. Nadie ha dejado de pensar, en estos 17 años, en el México que pudo haber sido y que, tristemente no es, no será, no en el corto plazo, el México con el que soñaba Donaldo.

martes, 22 de marzo de 2011

El discurso de Colosio el 6 de marzo de 1994

En el blog de Javier Treviño Cantú (@javier_trevino),  actual secretario de gobierno de Nuevo León, ex vicepresidente de comunicación de Cemex, en 1994 asesor de Luis Donaldo Colosio, encontré completo el discurso que el  sonorense asesinado pronunció el 6 de marzo de ese año http://javiertrevino.blogspot.com/ .

Como mañana se cumplen 17 años del magnicidio en Lomas Taurinas, reproduzco íntegro el texto que Luis Donaldo leyó en la mencionada fecha y que es considerado uno de los discursos políticos más importantes en la historia reciente de México.


Compañeras y compañeros de partido;
Compatriotas:

Aquí está el PRI con su fuerza. Aquí está el PRI con sus organizaciones; está con su militancia, está con la sensibilidad de sus mujeres y de sus hombres. Aquí está el PRI con su recia vocación política. Aquí está el PRI para alentar la participación ciudadana.

Aquí está el PRI para mantener la paz y la estabilidad del país, para preservar la unidad entre los mexicanos. Aquí está el PRI en pie de lucha. Aquí está el PRI celebrando un año más de intensa actividad política.

Aquí está el PRI que reconoce los logros, pero también el que sabe de las insuficiencias, el que sabe de los problemas pendientes.

Aquí está el PRI que reconoce que la modernización económica sólo cobra verdadero sentido, cuando se traduce en mayor bienestar para las familias mexicanas y que para que sea perdurable debe acompañarse con el fortalecimiento de nuestra democracia. Esta es la exigencia que enfrentamos y a ella responderemos con firmeza.

El PRI reconoce su responsabilidad y ésta es de la mayor importancia para el avance político de México. Los priístas sabemos que ser herederos de la Revolución Mexicana es un gran orgullo, pero ello no garantiza nuestra legitimidad política. La legitimidad debemos ganarla día con día, con nuestras propuestas, con nuestras acciones, con nuestros argumentos.

Como Partido, tuvimos un nacimiento que a todos nos enorgullece: el PRI evitó que México cayese en el círculo vicioso de tantos países hermanos de Latinoamérica, que perdieron décadas entre la anarquía y la dictadura.

La estabilidad, la paz interna, el crecimiento económico y la movilidad social, son bienes que hubieran sido inimaginables sin el PRI.

Pero nuestra herencia debe ser fuente de exigencia, no de complacencia ni de inmovilismo. Sólo los partidos autoritarios pretenden fundar su legitimidad en su herencia. Los partidos democráticos la ganamos diariamente.

Amigas y amigos del partido:

Surgimos de una Revolución que hoy sigue ofreciendo caminos para las reivindicaciones populares. A sus principios de democracia, de libertad y de justicia es a los que nos debemos.

Los ideales de la Revolución Mexicana inspiran las tareas de hoy. La Revolución Mexicana, humanista y social, nos exige y nos reclama. La Revolución Mexicana es todavía hoy nuestro mejor horizonte.

Encabezaremos una nueva etapa en la transformación política de México. Sabemos que en este proceso, sólo la sociedad mexicana tiene asegurado un lugar. Los partidos políticos tenemos que acreditar nuestra visión.

En esta hora, la fuerza del PRI surge de nuestra capacidad para el cambio, de nuestra capacidad para el cambio con responsabilidad. Así lo exige la Nación.

Nuestra visión y nuestra vinculación histórica con el gobierno nos aseguró la oportunidad de participar en los grandes cambios del país. La fuerza del gobierno fue en buena medida la fuerza de nuestro Partido. Pero hoy el momento es otro: sólo nuestra capacidad, nuestra propia iniciativa, nuestra presencia en la sociedad mexicana y nuestro trabajo, es lo que nos dará fortaleza.

Nadie podrá sustituir nuestro esfuerzo. Nadie podrá asegurarnos un papel en la transformación de México si nosotros no luchamos por él, si nosotros no lo ganamos ante los ciudadanos.

Quedó atrás la etapa en que la lucha política se daba, esencialmente, hacia el interior de nuestra organización y no con otros partidos. Ya pasaron esos tiempos.

Hoy vivimos en la competencia y a la competencia tenemos que acudir; para hacerlo se dejan atrás viejas prácticas: las de un PRI que sólo dialogaba consigo mismo y con el gobierno, las de un partido que no tenía que realizar grandes esfuerzos para ganar.

Como un partido en competencia, el PRI hoy no tiene triunfos asegurados, tiene que luchar por ellos y tiene que asumir que en la democracia sólo la victoria nos dará la estatura a nuestra presencia política.
Cuando el gobierno ha pretendido concentrar la iniciativa política ha debilitado al PRI. Por eso hoy, ante la contienda política, ante la contienda electoral, el PRI, del gobierno, sólo demanda imparcialidad y firmeza en la aplicación de la ley. ¡No queremos ni concesiones al margen de los votos ni votos al margen de la ley!

No pretendamos sustituir las responsabilidades del gobierno, pero tampoco pretendamos que el gobierno desempeñe las funciones que sólo a nosotros, como partido, nos corresponde desempeñar.

Hoy estamos ante una auténtica competencia. El gobierno no nos dará el triunfo: el triunfo vendrá de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo, de nuestra dedicación.

Los tiempos de la competencia política en nuestro país han acabado con toda presunción de la existencia de un partido de Estado. Los tiempos de la competencia política son la gran oportunidad que tenemos como partido para convertir nuestra gran fuerza en independencia con respecto del gobierno.

Hoy somos la opción que ofrece el cambio con responsabilidad. Somos la opción que mejor conoce lo que se ha hecho. Que sabe de los resultados de sus programas, de sus aciertos y de sus errores.
Somos la opción capaz de conservar lo que ha tenido éxito y somos la opción de encontrar nuevos caminos de solución para los problemas pendientes.

No entendemos el cambio como un rechazo indiscriminado a lo que otros hicieron. Lo entendemos como la capacidad para aprender, para innovar, para superar las deficiencias y los obstáculos.

¡Cambiemos, sí! ¡Cambiemos! ¡Pero hagámoslo con responsabilidad, consolidando los avances reales que se han alcanzado, y por supuesto, manteniendo lo propio: nuestros valores y nuestra cultura!

¡México no quiere aventuras políticas!. ¡México no quiere saltos al vacío!. ¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces!. ¡México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia!

Ofrecemos cambio con rumbo y responsabilidad, con paz, con tranquilidad. Se equivocan quienes piensan que la transformación democrática de México exige la desaparición del PRI.

No hemos estado exentos de errores, pero difícilmente podríamos explicar el México contemporáneo sin la contribución de nuestro partido. Por eso, pese a nuestros detractores y a la crítica de nuestros opositores, somos orgullosamente priístas.

Debemos admitir que hoy necesitamos transformar la política para cumplirle a los mexicanos.
Proponemos la reforma del poder para que exista una nueva relación entre el ciudadano y el Estado. 

Hoy, ante el priísmo de México, ante los mexicanos, expreso mi compromiso de reformar el poder para democratizarlo y para acabar con cualquier vestigio de autoritarismo.

Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva concentración del poder. Concentración del poder que da lugar a decisiones equivocadas; al monopolio de iniciativas; a los abusos, a los excesos. Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto estrictamente a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático.

Reformar el poder significa fortalecer y respetar las atribuciones del Congreso Federal.

Reformar el poder significa hacer del sistema de impartición de justicia, una instancia independiente de la máxima respetabilidad y certidumbre entre las instituciones de la República.

Reformar el poder significa llevar el gobierno a las comunidades, a través de un nuevo federalismo. 

Significa también nuevos métodos de administración para que cada ciudadano obtenga respuestas eficientes y oportunas cuando requiere servicios, cuando plantea sus problemas, o cuando sueña con horizontes más cercanos a las manos de sus hijos.

Estos son mis compromisos con la reforma del poder. Es así como yo pienso que cada ciudadano tendrá más libertades, más garantías, para que sus intereses sean respetados; para gozar de seguridad y de una aplicación imparcial de la ley.

Los priístas creemos en el cambio con responsabilidad.

Por eso es que hemos hecho nuevas propuestas, que hemos asumido nuevas tareas. Por eso es que convocamos - antes que nadie - a un debate entre los candidatos a la Presidencia de la República.

Hemos alentado acuerdos entre partidos; hemos planteado revisar el listado electoral; hemos solicitado la participación de observadores en todo el proceso electoral y la integración de un sistema de resultados oportunos.

Por eso es que también hemos resuelto dar transparencia a todos nuestros gastos.

Estamos por elegir candidatos a diversos cargos de elección popular.

Amigas y amigos:

Tenemos que aprovechar este proceso para darle mayor fuerza a nuestra organización. Todos los priístas tenemos una tarea que cumplir, todos tenemos una responsabilidad que asumir.

No queremos candidatos que, al ser postulados, los primeros sorprendidos en conocer su supuesta militancia, seamos los propios priístas.

Asumimos todos estos compromisos de reforma republicana, de reforma democrática y federal; de reforma de los procedimientos y de su contexto; de reforma interna del PRI.

Y lo hacemos porque somos conscientes que la sociedad mexicana ha cambiado y que demanda en consecuencia un cambio en las prácticas políticas. El PRI participará con civilidad y con respeto a nuestro pluralismo en las elecciones del 21 de agosto.

Como candidato del PRI a la Presidencia de México reafirmo mi compromiso indeclinable con la transformación democrática de México.

Que se entienda bien: ese día sólo podrá haber un solo vencedor. Sólo es admisible el triunfo claro, inobjetable, del pueblo de México.

Y para que el pueblo de México triunfe el 21 de agosto, los partidos políticos - todos - tendremos que sujetarnos a la ley y sólo a ella, sin ventajas para nadie, sin prepotencias, sin abusos y sin arbitrariedades.

Por ello, congruente con mi exigencia de una elección democrática, aspiro a que el Congreso de la Unión decida las reformas electorales que procedan, siempre a partir de los consensos que los partidos hemos venido construyendo en el marco del Acuerdo por la Paz, la Justicia y la Democracia, firmado el 27 de enero.

Aspiro a que juntos ampliemos la autonomía y afiancemos la imparcialidad de nuestros organismos electorales, a fin de que la voluntad popular y sólo ella, determine los resultados de los comicios.

Confiabilidad, certeza, regularidad y limpieza electorales no pueden seguir siendo sólo aspiraciones, tienen que ser realidades que se impongan en las conciencias de los ciudadanos. De ahí nuestro compromiso con la participación de observadores en el proceso electoral.

La elección es de la sociedad y por tanto no puede ser un asunto cerrado. Su transparencia exige de la participación de observadores y no excluye que de ella pueda darse el más amplio testimonio, tanto por parte de nuestros ciudadanos como de visitantes internacionales. De ninguna manera tenemos por qué mirar con temor a quienes desean conocer la naturaleza de nuestros procesos democráticos.

Nuestras elecciones - y lo digo con pleno convencimiento - no tendrán vergüenzas qué ocultar.
El PRI estará al frente del avance democrático de México, asumiendo sus responsabilidades y respondiendo a las exigencias de la sociedad mexicana.

En estos meses de intensos recorridos por todo el país, de visita a muchas comunidades, de contacto y diálogo con mi Partido y con la ciudadanía entera, me he encontrado con el México de los justos reclamos, de los antiguos agravios y de las nuevas demandas; el México de las esperanzas, el que exige respuestas, el que ya no puede esperar.

Ese es el México que nos convoca hoy; ese es el México que convoca a mi conciencia; ese es el México al que habremos de darle seguridad, al que habremos de darle rumbo en la nueva etapa del cambio.

Yo veo un México de comunidades indígenas, que no pueden esperar más a las exigencias de justicia, de dignidad y de progreso; de comunidades indígenas que tienen la gran fortaleza de su cohesión, de su cultura y de que están dispuestas a creer, a participar, a construir nuevos horizontes.

Yo veo un México de campesinos que aún no tienen las respuestas que merecen. He visto un campo empobrecido, endeudado, pero también he visto un campo con capacidad de reaccionar, de rendir frutos si se establecen y se arraigan los incentivos adecuados.

Veo un cambio en el campo; un campo con una gran vocación productiva; un campo que está llamado a jugar un papel decisivo en la nueva etapa de progreso para nuestro país.

Yo veo un México de trabajadores que no encuentran los empleos ni los salarios que demandan; pero también veo un México de trabajadores que se han sumado decididamente al esfuerzo productivo, y a los que hay que responderles con puestos de trabajo, con adiestramiento, con capacitación y con mejores salarios.

Yo veo un México de jóvenes que enfrentan todos los días la difícil realidad de la falta de empleo, que no siempre tienen a su alcance las oportunidades de educación y de preparación. Jóvenes que muchas veces se ven orillados a la delincuencia, a la drogadicción; pero también veo jóvenes que cuando cuentan con los apoyos, que cuando cuentan con las oportunidades que demandan, participan con su energía de manera decisiva en el progreso de la Nación.

Yo veo un México de mujeres que aún no cuentan con las oportunidades que les pertenecen; mujeres con una gran capacidad, una gran capacidad para enriquecer nuestra vida económica, política y social. Mujeres en suma que reclaman una participación más plena, más justa, en el México de nuestros días.

Yo veo un México de empresarios, de la pequeña y la mediana empresa, a veces desalentados por el burocratismo, por el mar de trámites, por la discrecionalidad en las autoridades. Son gente creativa y entregada, dispuesta al trabajo, dispuesta a arriesgar, que quieren oportunidades y que demandan una economía que les ofrezca condiciones más favorables.

Yo veo un México de profesionistas que no encuentran los empleos que los ayuden a desarrollar sus aptitudes y sus destrezas.

Un México de maestras y de maestros, de universitarios, de investigadores, que piden reconocimiento a su vida profesional, que piden la elevación de sus ingresos y condiciones más favorables para el rendimiento de sus frutos académicos; técnicos que buscan las oportunidades para aportar su mejor esfuerzo.

Todos ellos son las mujeres y los hombres que mucho han contribuido a la construcción del país en que vivimos y a quienes habremos de responderles.

Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.

Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso.

Yo veo un México convencido de que ésta es la hora de las respuestas; un México que exige soluciones. Los problemas que enfrentamos los podemos superar.

Yo me propongo encabezar un gobierno para responderle a todos los mexicanos. El cambio con rumbo y con responsabilidad no puede esperar.

Manifiesto mi más profundo compromiso con Chiapas. Por eso debemos escuchar todas las voces, no debemos admitir que nadie monopolice el sentimiento de los chiapanecos.

Expreso mi solidaridad a todos aquellos chiapanecos que aun no han dicho su verdad, a todos aquellos que tienen una voz que transmitir y a todos aquellos que tienen una palabra que expresar.

Debemos de asumir y debemos de decidir. Debemos de decidir si nos asumimos plenamente como una sociedad plural o si concesionamos sólo a algunos la interlocución de nuestros intereses.

Chiapas es un llamado a la conciencia de todos los mexicanos. Pero nuestra propuesta de cambio, no se limita a responderle solamente a Chiapas. Le queremos responder a todos los mexicanos, a los de todos los pueblos, a los de todos los barrios, a los de todas las comunidades.

Queremos cumplirle a los chiapanecos, pero también a los mexicanos de la Huasteca, a los de La Laguna, a los de la Montaña de Guerrero, a los de la Sierra Norte de Puebla, a los de Tepito o a los de las barrancas de Alvaro Obregón, aquí en el Distrito Federal; a los del puerto de Anapra, en Ciudad Juárez, Chihuahua; a los de la Colonia Insurgentes, en Guadalajara, Jalisco; o a los de San Bernabé, en Monterrey, Nuevo León.

Mi compromiso es con todos los mexicanos; mi compromiso es luchar contra la desigualdad y evitar crear nuevos privilegios de grupo o de región.

Los mexicanos ante el conflicto hemos ratificado nuestra unidad esencial bajo una bandera y nuestro ánimo de concordia.

Nuestras instituciones probaron su legitimidad y su eficacia. De la solución del conflicto, han salido fortalecidas.

Desde aquí manifiesto mi reconocimiento al Ejército Mexicano por su patriotismo, lealtad y entrega en la defensa del interés y la unidad nacionales.

Frente a Chiapas los priístas debemos de reflexionar. Como partido de la estabilidad y la justicia social, nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros.

Tenemos que asumir esta autocrítica y tenemos que romper con las prácticas que nos hicieron una organización rígida. Tenemos que superar las actitudes que debilitan nuestra capacidad de innovación y de cambio.

Recuperemos nuestra iniciativa, recuperemos nuestra fuerza, para representar las mejores causas, para ofrecer los caminos de la paz, para responder ante las injusticias.

Recuperemos esos valores. Hagámoslo en esta campaña. Empecemos por afirmar nuestra identidad, nuestro orgullo militante y afirmemos nuestra independencia del Gobierno.

Es la hora de un nuevo impulso económico; es la hora de crecer sin perder la estabilidad financiera ni la estabilidad de precios. La economía, más allá de las metas técnicas, tiene que estar al servicio de los mexicanos.

Por eso, el nuevo crecimiento económico tiene que ser distribuido con mayor equidad, con empleos crecientes, con ingresos suficientes.

Que no nos quepa la menor duda: México cerrará este siglo con una economía mucho más fuerte. 

Existen las condiciones para hacerlo, la sociedad lo demanda.

La tarea del crecimiento con estabilidad será de todos los mexicanos.

Es la hora de la confianza para todos, la de traducir las buenas finanzas nacionales, en buenas finanzas familiares.

Es la hora de convertir la estabilidad económica en mejores ingresos para el obrero, en mejores ingresos para el campesino, para el ganadero o para el comerciante, para el empleado o para el oficinista, para el artesano o el profesionista, para el intelectual y para las maestras y los maestros de México.

Es la hora de los apoyos efectivos y del impulso al esfuerzo que realizan las mujeres y los hombres al frente de micro, pequeñas y medianas empresas. Que se les lleve a superar sus dificultades, que se les apoye a ampliar sus negocios con mejores tecnologías para que sean más competitivos en los mercados.

Es la hora del gran combate a la desigualdad, es la hora de la superación de la pobreza extrema, es la hora de la garantía para todos de educación, de salud, de vivienda digna. Esa es la reforma social de la que hablé en Huejutla.

Es la hora de hacer justicia a nuestros indígenas, de superar sus rezagos y sus carencias; de respetar su dignidad. Como lo dije en San Pablo Guelatao, Oaxaca: es la hora de celebrar un nuevo pacto del Estado mexicano con las comunidades indígenas.

Es la hora de nuevas oportunidades para el campo de México, como lo comprometí en Anenecuilco, Morelos. Es la hora de enfrentar con decisión y con firmeza la pobreza, y mejorar los niveles de vida de los campesinos.

Es la hora de que el Artículo 27 de la Constitución se exprese en bienestar, en justicia, en libertad para los hombres del campo. Y es la hora de acabar para siempre con todo vestigio de latifundio; es la hora de dar certidumbre al ejido, a las tierras comunales y a la pequeña propiedad.

Es la hora de impulsar la reforma agraria para nuestro tiempo. Es la hora de promover más y mejor inversión en el campo; de alentar de manera mejor y más eficaz, con libertad, la participación de los campesinos.

Es la hora de dar solución a los problemas de la cartera vencida en el campo, del crédito escaso y caro.

Es la hora de asociar los esfuerzos de los productores; es la hora de constituir más cajas de ahorro, más uniones de crédito y de poner en marcha nuevos mecanismos de comercialización.

Es la hora de las regiones de México, para aprovechar mejor los recursos, para aprovechar mejor la capacidad y el talento de cada una de las comunidades del país, de cada ciudad de nuestro país, de cada estado de la República.

Un desarrollo regional que abra las esperanzas de cada rincón de México, que canalice recursos para mantener la infraestructura carretera, ferroviaria, portuaria, hidráulica y energética.

Es la hora de superar la soberbia del centralismo, como lo dije en Jalisco; de apoyar decididamente al municipio. Es la hora de un nuevo Federalismo; es la hora de dotar de mayor poder político y financiero, a nuestros estados, como lo dije en Tabasco; es la hora de garantizar plenamente la conservación de nuestros recursos naturales, de nuestro medio ambiente, de nuestra ecología.

Es la hora de una educación nacionalista y de calidad; es la hora de una educación para la competencia; es la hora de nuestras escuelas, de nuestros tecnológicos; es la hora de la universidad pública en México; es la hora de la gran infraestructura para la capacitación de todos los mexicanos que quieran progresar.

La educación es nuestra más grande batalla para el futuro. A ella destinaremos mayores recursos.
Es la hora de reformar el poder, de construir un nuevo equilibrio en la vida de la República; es la hora del poder del ciudadano. Es la hora de la democracia en México; es la hora de hacer de la buena aplicación de la justicia el gran instrumento para combatir el cacicazgo, para combatir los templos de poder y el abandono de nuestras comunidades.

¡Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad!

Es la hora de la Nación. Es la hora de ser fuertes todos haciendo fuerte a México. Es la hora de reafirmar valores que nos unen. Es la hora del cambio con rumbo seguro para garantizar paz y tranquilidad a nuestros hijos.

La única continuidad que propongo es la del cambio; la del cambio que conserve lo valioso. Queremos un cambio con responsabilidad en el que no se olvide ningún ámbito de la vida nacional; queremos un cambio democrático para una mejor economía, para un mayor desarrollo social. Y hoy existen las condiciones para lograrlo; la sociedad lo demanda.

Hoy queda claro que los cambios no pueden ser ni marginales ni aislados. La vía del cambio corre en igual sentido y en igual intensidad y urgencia por el campo de la política, por el campo de la economía y del bienestar social.

Con firmeza, convicción y plena confianza, declaro: ¡Quiero ser Presidente de México para encabezar esta nueva etapa de cambio en México!

Amigas y amigos; amigas y amigos:

Asumo el compromiso de una conducción política para la confianza; una conducción política responsable, para llevar a cabo los cambios que requerimos, para cerrarle el paso a toda intención desestabilizadora, de provocación, de crisis, de enfrentamiento.

Haremos de nuestra capacidad de cambio el mejor argumento para convocar a la confianza de los mexicanos, para garantizar la paz, para fortalecer nuestra unidad.

Somos una gran Nación porque nos hemos mantenido básicamente unidos, pero con respeto a la pluralidad.

Queremos un México unido, queremos un México fuerte, queremos un México soberano. Un México de libertades, un México con paz, porque son amplios los cauces de la democracia y de la justicia.

Hay sitio para todos en el México por el que luchamos afanosamente.

Soy un mexicano de raíces populares. Soy un mexicano que ha recorrido en muchas ocasiones nuestro país, que no cesa de maravillarse ante la gran variedad y riqueza humana de nuestra patria y que no cesa tampoco de advertir carencias y dolores.

Me apasiona convivir, compartir, escuchar y comprender al pueblo al que pertenezco. Aprendo diariamente de sus actitudes francas, de sus actitudes sencillas.

Reitero que provengo de una cultura del esfuerzo y no del privilegio. Como mis padres, como mis 
abuelos, soy un hombre de trabajo que confía más en los hechos que en las palabras. Pero por eso mismo, soy un hombre de palabra, un hombre de palabra que la empeño ahora mismo para comprometerme al cambio que he propuesto: un cambio con rumbo y con responsabilidad.

El gran reclamo de México es la democracia. El país quiere ejercerla a cabalidad. México exige, nosotros responderemos.

Como Candidato a la Presidencia de la República, estoy listo también.

Demos nuestro mayor esfuerzo en ésta elección.

Vamos a echarle ganas.

No hay que bajar la guardia.

Vamos por la victoria.

Ganémosla con México y ganémosla para México.

¡ Que viva el PRI !

¡ Que viva México !