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viernes, 24 de junio de 2011

Sicilia, la independencia y la popularidad

Me deja sentimientos encontrados el encuentro entre Javier Sicilia y Felipe Calderón. No sé si valió la pena, no lo sé. Es decir, si será útil para México, si contribuirá a parar la barbarie o si solo fue un espectáculo demagogo que a todos nos dejará peor que como estábamos.

Primero, la sede. ¿Por qué el Castillo de Chapultepec? Un poeta admirador de Gandhi y de otros grandes desobedientes, partidario además de la economía de la subsistencia, un humanista católico enemigo de la ostentación, ¿qué tenía que hacer en el edificio que mejor simboliza los excesos en nuestro país?

Después, el abrazo a Calderón. ¿Era necesario que el poeta indignado, el padre del muchacho asesinado que ha dado rostro a más de 40 mil ejecutados que antes de su aparición eran una simple estadística, abandonara la rabia para ser amable con el hombre de poder al que todos, Sicilia incluido, consideramos el principal responsable de la absurda guerra que está destruyendo a México? No, creo que no era necesario que Sicilia se mostrara tan amigable con Calderón.

Y, bueno, están las respuestas de Calderón. A todo dijo que sí, excepto a la exigencia de la que depende la paz en México: acabar la guerra. Calderón, terco, dijo que seguirá adelante con su cacería de criminales que, por cierto, se ha convertido también en una cacería de policías y soldados. Así que sin resolver lo único realmente importante, qué más da que Calderón le haya dado el sí a las otras propuestas de Sicilia.

Por último, la cursilería religiosa. Entiendo y aplaudo que Sicilia y Calderón sean católicos. Pero ¿qué caso tenía que exageraran mencionando su religiosidad, que debe ser un asunto sobre todo de pura intimidad, frente a millones que los veían por internet o TV? El colmo fue cuando Calderón dijo que él no reza todos los rosarios que la gente le regala, pero que su esposa Margarita Zavala sí lo hace. ¿Así o más cursi?  Por favor. Si Dios se dio tiempo de escucharlo, seguramente hasta ofendido se sintió por la forma en que fue usado para ganar simpatía entre una población mayoritariamente creyente.

Segura estoy de que Javier Sicilia es un gran hombre que merece todo mi respeto (desde luego no es lo que pienso de Calderón). Pero creo que el poder, esta vez, lo usó. Creo que la parte minoritaria de la población más educada, más crítica y más pensante, a la que Sicilia ciertamente pertenece, se lo va a reprochar fuertemente. Y esto es malo para Sicilia, un hombre de letras que si deja de ser lo que ha sido: un intelectual independiente, perderá lo mejor que tiene, por más que gane popularidad. Una popularidad que a Sicilia no le sirve para nada (él no es político ni busca votos) y que no resolverá los terribles problemas creados por la fallida guerra de Calderón contra el narco.

miércoles, 15 de junio de 2011

Ciro y la vanidad

“Hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir”, dijo Balzac. Viene a mi mente esta expresión del gran escritor francés después de haber leído, este miércoles, la columna de Ciro Gómez Leyva en Milenio Diario. 

Desde luego, el señor Gómez Leyva hace referencia a las críticas, fuertes casi todas, que él ha recibido en Twitter por sus juicios, sin duda injustos, inclusive mezquinos, sobre la Caravana por la Paz encabezada por el poeta Javier Sicilia. 

Este columnista fue TT en la mencionada red social, es decir, hubo muchos comentarios sobre su persona. Casi todos, desde luego, en su contra. De rabia, de indignación. Hubo algunos, sí, que lo defendían. Las clásicas excepciones que rompen la regla. 

Pues bien, el columnista, en vez de avergonzarse y pedir perdón por haber ofendido al movimiento social más puro que hay en México, publicó un artículo en el que ¡evidentemente presume! haber sido tópico relevante en Twitter. Empieza citando unos pocos comentarios en su contra, para después dar a conocer muchos a su favor. El colmo de la vanidad. Y Gómez Leyva termina presumiendo que solo su noticiero cubrió la caravana de Sicilia. Vaya, vaya. ¿Y Carmen Aristegui? ¿Y el Reforma? ¿Y la Jornada? Y los sitios alternativos de internet. Yo escuché y leí sobre la caravana en varios medios. Grandes crónicas las del reportero enviado por Aristegui, cuyo nombre no recuerdo. 

En fin, Ciro ha intentado hacer de la peor crisis que ha sufrido su credibilidad, ya desde antes bastante golpeada, una victoria de su popularidad. Vanidad, solo vanidad. Aderezada con mentiras, por cierto. ¿Solo Ciro cubrió la caravana? Por favor.

martes, 14 de junio de 2011

Ciro Gómez Leyva... y ese periodismo

Que Ciro Gómez Leyva considere un héroe a Genaro García Luna, es su derecho.

Que Ciro Gómez Leyva haya escrito algunos de los elogios más desmesurados que ha recibido Felipe Calderón Hinojosa, es su problema.

Que Ciro Gómez Leyva a diario traicione el espíritu de aquel ya desaparecido Canal 40 -el original, el de la televisión crítica e independiente-, es algo que solo le puede reprochar su conciencia.

Que Ciro Gómez Leyva después de tanto criticar a la televisión oficialista de Televisa haya terminado en el peor de los programas “periodísticos” de esa empresa, “Tercer Grado”, es un ordinario asunto de oferta y demanda de trabajo.

Que Ciro Gómez Leyva haya pasado de ser el mayor admirador de Andrés Manuel López Obrador a su más iracundo crítico, es un tema que tendrá que arreglar a solas con su terapeuta.

Que Ciro Gómez Leyva haya despreciado a la información que circula en Twitter calificándola de absolutamente falsa, es un asunto bíblico: el de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Que Ciro Gómez Leyva tenga años difundiendo en radio encuestas ligadas al Cisen (las de Gea/ISA) y en televisión encuestas que claramente forman parte de equipos de campaña electorales (las de Berrueto-Liébano), es una nueva versión del dicho de Gonzalo N. Santos: “La moral es un árbol que da moras”.

Que Ciro Gómez Leyva haga eso y cosas todavía peores, podría no representarme a mí y seguramente al resto de la población el menor problema.

Pero que Ciro Gómez Leyva se atreva a descalificar, en los medios tradicionales y en la forma vulgar en que lo hizo, a la Caravana por la Paz de Javier Sicilia, eso es algo que la gente de bien no le puede perdonar.

Por eso ha sido fuertemente cuestionado en las redes sociales de internet durante dos días seguidos. Porque la protesta de Sicilia es lo más puro y digno que hemos conocido en México en los últimos años.

No, no podemos tolerar que un periodista acomedido con el poder se exprese en la forma en la que el señor Ciro Gómez Leyva lo ha hecho acerca de la resistencia civil que con tanta pasión, tanta rabia y, sobre todo, tanto dolor lleva a cabo el poeta Javier Sicilia que ha recorrido prácticamente todo el país guiado por un anhelo de justicia e inspirado en la gran verdad que él ha plasmado en uno de sus poemas: “Toda ausencia es atroz”: en el caso del señor Sicilia, al que respeto y admiro, la ausencia de su propio hijo caído en una de las tantas batallas de la fallida guerra contra el narco.