Que Ciro Gómez Leyva considere un héroe a Genaro García Luna, es su derecho.
Que Ciro Gómez Leyva haya escrito algunos de los elogios más desmesurados que ha recibido Felipe Calderón Hinojosa, es su problema.
Que Ciro Gómez Leyva a diario traicione el espíritu de aquel ya desaparecido Canal 40 -el original, el de la televisión crítica e independiente-, es algo que solo le puede reprochar su conciencia.
Que Ciro Gómez Leyva después de tanto criticar a la televisión oficialista de Televisa haya terminado en el peor de los programas “periodísticos” de esa empresa, “Tercer Grado”, es un ordinario asunto de oferta y demanda de trabajo.
Que Ciro Gómez Leyva haya pasado de ser el mayor admirador de Andrés Manuel López Obrador a su más iracundo crítico, es un tema que tendrá que arreglar a solas con su terapeuta.
Que Ciro Gómez Leyva haya despreciado a la información que circula en Twitter calificándola de absolutamente falsa, es un asunto bíblico: el de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Que Ciro Gómez Leyva tenga años difundiendo en radio encuestas ligadas al Cisen (las de Gea/ISA) y en televisión encuestas que claramente forman parte de equipos de campaña electorales (las de Berrueto-Liébano), es una nueva versión del dicho de Gonzalo N. Santos: “La moral es un árbol que da moras”.
Que Ciro Gómez Leyva haga eso y cosas todavía peores, podría no representarme a mí y seguramente al resto de la población el menor problema.
Pero que Ciro Gómez Leyva se atreva a descalificar, en los medios tradicionales y en la forma vulgar en que lo hizo, a la Caravana por la Paz de Javier Sicilia, eso es algo que la gente de bien no le puede perdonar.
Por eso ha sido fuertemente cuestionado en las redes sociales de internet durante dos días seguidos. Porque la protesta de Sicilia es lo más puro y digno que hemos conocido en México en los últimos años.
No, no podemos tolerar que un periodista acomedido con el poder se exprese en la forma en la que el señor Ciro Gómez Leyva lo ha hecho acerca de la resistencia civil que con tanta pasión, tanta rabia y, sobre todo, tanto dolor lleva a cabo el poeta Javier Sicilia que ha recorrido prácticamente todo el país guiado por un anhelo de justicia e inspirado en la gran verdad que él ha plasmado en uno de sus poemas: “Toda ausencia es atroz”: en el caso del señor Sicilia, al que respeto y admiro, la ausencia de su propio hijo caído en una de las tantas batallas de la fallida guerra contra el narco.