“Hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir”, dijo Balzac. Viene a mi mente esta expresión del gran escritor francés después de haber leído, este miércoles, la columna de Ciro Gómez Leyva en Milenio Diario.
Desde luego, el señor Gómez Leyva hace referencia a las críticas, fuertes casi todas, que él ha recibido en Twitter por sus juicios, sin duda injustos, inclusive mezquinos, sobre la Caravana por la Paz encabezada por el poeta Javier Sicilia.
Este columnista fue TT en la mencionada red social, es decir, hubo muchos comentarios sobre su persona. Casi todos, desde luego, en su contra. De rabia, de indignación. Hubo algunos, sí, que lo defendían. Las clásicas excepciones que rompen la regla.
Pues bien, el columnista, en vez de avergonzarse y pedir perdón por haber ofendido al movimiento social más puro que hay en México, publicó un artículo en el que ¡evidentemente presume! haber sido tópico relevante en Twitter. Empieza citando unos pocos comentarios en su contra, para después dar a conocer muchos a su favor. El colmo de la vanidad. Y Gómez Leyva termina presumiendo que solo su noticiero cubrió la caravana de Sicilia. Vaya, vaya. ¿Y Carmen Aristegui? ¿Y el Reforma? ¿Y la Jornada? Y los sitios alternativos de internet. Yo escuché y leí sobre la caravana en varios medios. Grandes crónicas las del reportero enviado por Aristegui, cuyo nombre no recuerdo.
En fin, Ciro ha intentado hacer de la peor crisis que ha sufrido su credibilidad, ya desde antes bastante golpeada, una victoria de su popularidad. Vanidad, solo vanidad. Aderezada con mentiras, por cierto. ¿Solo Ciro cubrió la caravana? Por favor.