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jueves, 28 de abril de 2011

El Primer Hazmerreír de la República

“El síndrome de notoriedad es la enfermedad psicológica más grave del ser humano en el siglo XXI. Para llamar la atención, la gente puede llegar a hacerse daño a sí misma, a sus amigos, a sus compañeros e incluso a su país y a su patria”, ha dicho, en una columna sobre restaurantes, el señor Rafael Ansón, presidente de la Sociedad Española de gastronomía. A don Rafael le faltó añadir que, con tal de hacerse notar, sobra la gente dispuesta a hacer el ridículo. Y esto es algo en lo que, sin lugar a dudas, los políticos mexicanos son expertos.

Es la explicación de que nuestros diputados y senadores acepten, lo han hecho ya al menos dos veces, participar como patiños en programas cómicos durante el Teletón. Me refiero el show “100 mexicanos dijieron” conducido por “El Vítor’”, Adrián Uribe. En noviembre del año pasado “El Vítor” se pitorreó de  los senadores Fernando Castro Trento (PRI), Francisco Arroyo Vieyra (PRI), Minerva Hernández (PAN), José González Morfín (PAN), Eugenio Govea (Convergencia), Carlos Navarrete (PRD), Manuel Velasco (PVEM)  y Arturo Escobar (PVEM), así como de los diputados Armando Ríos Pitter (PRD), Claudia Ruiz Massieu (PRI), Beatriz Paredes (PRI), Luis Videgaray (PRI), Josefina Vázquez Mota (PAN), Gabriela Cuevas (PAN) y Pablo Escudero (PVEM). Tan a gusto estuvieron haciendo el ridículo para el lucimiento de un comediante de no mucho talento, que hasta subieron a Twitter fotografías de la grabación del programa, como lo hizo Gabriela Cuevas.

Ejemplos de políticos decididos a hacer el ridículo para llamar la atención, sobran:

El secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, diciendo solo por provocar polémica que el mexicano puede, con un salario de 6 mil pesos mensuales, pagar la casa, el coche y la escuela privada de los niños.

El diputado “rebelde” Gerardo Fernández Noroña, especializado en sacar mantas ofensivas, al gritar, patalear y empujar en las sesiones legislativas con tal de que lo tomen en cuenta los medios de comunicación.

Por eso, un prestigiado académico y luchador social como Jaime Cárdenas, actual diputado federal,  viéndose muy mal le sigue el paso a Noroña cada vez que este decide hacer el ridículo.

Por eso Marcelo Ebrard Casaubón se fue a cocinar galletitas a un progama de Televisa, y por eso Ebrard le ha dado recientemente una entrevista a la revista Quién para dejar en claro que él no es un caballero ya que, según confesó, se divorció de Mariagna Prats porque esta le estorbaba en sus aspiraciones presidenciales.

Por eso los dueños y directivos de los grandes medios de comunicación mexicanos, actores políticos también, evidentemente, posan contentos para las cámaras cada vez que a Televisa se le ocurre unirlos para lo que sea, la última vez para comprometerse a más autocensura en Iniciativa México

Por eso el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, se emborracha en público, mienta madres y reta a golpes a quien se le pone enfrente.

Por eso Vicente Fox se besa con Martita Sahagún cada vez que ve llegar periodistas.

Por eso Felipe Calderón se puso una chamarra militar que le quedaba grande cuando declaró su guerra contra el narco.

Por eso Ernesto Zedillo, siendo presidente, le dijo a una pordiosera “no traigo cash”.

Esta lista podría continuar hasta el infinito. Si toco el tema es porque, sin lugar a dudas, a nuestros políticos sobre todo les da por hacer el ridículo, como un recurso para llamar la atención, durante las campañas electorales, y este año habrá comicios relevantes, como los del Estado de México, que serán la antesala de las presidenciales de 2012, en las que los próceres de la patria mostrarán que no hay límites cuando se trata de ser grotescos, extravagantes y risibles. Ya veremos que, más que competir por el cargo de presidente, ellos buscarán el título de Primer Hazmerreír de la República.

domingo, 27 de marzo de 2011

Iniciativa México y el diario Clarín

Miguel Ángel Granados Chapa y Carmen Aristegui son dos de los más importantes periodistas que hay en nuestro país. El primero, desde hace al menos dos décadas, es uno de los columnistas más respetados e influyentes de México. La segunda, sobre todo en el último lustro, se ha convertido en el referente principal de la radio informativa mexicana. No hay en Televisa, TV Azteca o en los grupos radiofónicos o de diarios impresos que acaban de firmar un acuerdo para la cobertura informativa de la violencia, nadie, y lo digo con toda claridad, nadie, con mayores méritos periodísticos que Granados Chapa y Aristegui (los habrá con los mismos méritos, pero no superiores). Pues bien, esos dos personajes, fundamentales en nuestro periodismo, simple y sencillamente no fueron invitados a participar en la firma, mucho menos en la redacción, del mencionado acuerdo.

¿Puede funcionar un acuerdo entre periodistas al que no se invita a participar a los mejores? No, desde luego. Valga la comparación futbolera, una selección a la que no se convocara al Chicharito Hernández y a Andrés Guardado, que el sábado metieron los goles contra Paraguay, sería cualquier cosa menos la selección nacional.  Es que, hay que admitirlo, el mundo está hecho de figuras. Siguiendo con los ejemplos tomados del balompié, contratar al Barcelona campeonísimo (con Messi, Xavi, Villa y el novio de Shakira) cuesta una cantidad de dinero, pero por el Barca sin esos cuatro jugadores nadie pagaría ni la décima parte de lo que vale el equipo completo.

¿De dónde saco la información de que Aristegui y Granados Chapa no fueron invitados a firmar el acuerdo para la cobertura de la violencia? De que ambos así lo dijeron en sus columnas del diario Reforma.

No sé por qué no los invitaron, pero me atrevo a plantear algunas hipótesis:

1.      Tanto Aristegui como Granados Chapa son muy críticos de Televisa, que es la empresa que más empujó el acuerdo. Así que, para no incomodar a la televisora, nadie se acordó de invitarlos.

2.      Tanto Aristegui como Granados Chapa son abiertamente despreciados por el director editorial de Milenio, Carlos Marín (las columnas de Marín no me dejarán mentir), un hombre muy escuchado por el poderoso Bernardo Gómez, el número dos en Televisa. Así que, es probable, a pesar de su naturaleza conciliadora y negociadora que tan buenos resultados le ha dado, Bernardo se dejó llevar por intrigas para no dar el paso de tomar el teléfono y llamar a Miguel Ángel y a Carmen.

3.      Si se planteó la posibilidad de invitar a Miguel Ángel Granados Chapa y a Carmen Aristegui al proceso de redacción de acuerdo para su posterior firma, seguramente alguien llegó a la conclusión de que era inútil llamarlos ya que, bajo ninguna circunstancia,  ni Miguel Ángel ni Carmen lo iban a firmar.

Sea lo que fuera, a Granados Chapa y a Aristegui no se les convocó al acuerdo mediático. Y por lo tanto no lo firmaron. Ni lo firmaron, tampoco, los dos más importantes diarios mexicanos, Reforma y La Jornada, ni la revista Proceso ni otros medios que, como MVS, comparten una característica que los distingue: son muy críticos hacia los poderes políticos y económicos que dominan a México.

Lo más lamentable es que, periodistas menos críticos que sí firmaron el acuerdo, se han dado a la tarea de cuestionar a quienes no lo hicieron, generando en buena parte de la opinión pública (los medios electrónicos que sí firmaron tienen grandes audiencias) la idea de que hay periodistas “irresponsables” que no son capaces de pensar en lo que al país le conviene en un momento de auténtica guerra contra el narcotráfico.

Es muy peligroso que se empiece a dividir a los medios entre “patrióticos y responsables” y “antipatrióticos e irresponsables”. Porque esto es la antesala de hechos contra la libre prensa como los que tienen enfrentado, desde hace años, al gran diario Clarín, de Argentina, con el régimen de los Kirchner (el expresidente Néstor, que en paz descanse, y Cristina, la actual presidenta). Un enfrentamiento que, en las últimas horas, permitió que un líder gremial corrupto impidiera, con el gobierno de simple espectador, la circulación de ese, el gran diario de América del Sur que, tristemente, este domingo no llegó a los quioscos.

En México estamos lejos de llegar a tales extremos. Pero con acciones a favor de las estrategias del gobierno como la de Iniciativa México en la que solo se permitió opinar a unos medios, dejando fuera de la discusión a otros, poco a poco nos acercamos a los episodios lamentables que este domingo enlutaron a la prensa libre en Argentina.

jueves, 24 de marzo de 2011

Iniciativa México: buenas intenciones, dudosa eficacia

Muchos y muy grandes e importantes medios firmaron, en el contexto de Iniciativa México, el “Acuerdo para la cobertura informativa de la violencia”. La idea, que no suena mal, es no interferir con el combate al crimen organizado y evitar ser voceros de la delincuencia.

El problema radica en que, dice el refrán, el infierno está empedrado de buenas intenciones. ¿Qué quiero decir con esto? Que si bien el acuerdo lo firmaron muchos y muy grandes e importantes medios de comunicación, al menos cinco medios fundamentales en México no lo hicieron.

1.       No firmó el acuerdo el diario de derecha más influyente que hay en México: Reforma, dirigido por Alejandro Junco de la Vega.

2.       No firmó el acuerdo el diario de izquierda más influyente que hay en México: La Jornada, dirigido por Carmen Lira.

3.       No firmó el acuerdo la revista política más importante en la historia de México: Proceso, fundada por un periodista de leyenda, don Julio Scherer.

4.       No firmó el acuerdo la estación de radio que más polémica levanta en México: MVS, a través de cuyos micrófonos se expresa Carmen Aristegui, una periodista crítica que es toda una celebridad en nuestro país.

Poca eficacia tendrá el “Acuerdo para la cobertura informativa de la violencia” si esos cuatro medios tan influyentes no lo firmaron (y no son los únicos: algunos muy importante en provincia tampoco lo hicieron, como el Por Esto de la Península de Yucatán).

Pero, lo peor para el acuerdo promovido sobre todo por Televisa, TV Azteca y los grupos radiofónicos más grandes de México, es que no lo firmaron los medios alternativos, cada día con más lectores, ni ese pacto podrá regular a las redes sociales de internet Twitter y Facebook que son, hoy en día, mucho más influyentes que todos los medios tradicionales de comunicación juntos.

Así que si los medios que firmaron el acuerdo limitan sus informaciones para no interferir en la guerra contra el narco, el público se irá a los medios que no firmaron y que podrán, con entera libertad, seguir contando con crudeza lo que pase. Eso significará un aumento en las audiencias de Reforma, La Jornada, Proceso y MVS. Y, sobre todo, si los medios que han decidido actuar “responsablemente” dejan de informar lo que no sea conveniente, la gente se irá a buscarlo a internet, donde con toda seguridad lo encontrará.

No veo cómo, existiendo Twitter, Facebook y cientos y hasta miles de blogs, la gente dejará de contar y dejará de escuchar todas las historias, las buenas y las malas.