En “Ñ”, revista de cultura del diario argentino Clarín, encontré un interesante artículo sobre Twitter y las revoluciones sociales y políticas, pero su argumento no es el ya clásico elogio acerca de las virtudes liberadores de las redes sociales de internet, sino más bien sobre todo lo contrario. Aquí la nota completa http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/tecnologia-comunicacion/El_engano_de_la_red-Evgeny_Morozov_0_463153920.html.
Andrés Hax entrevista ahí al autor del libro “El engaño de la red. El lado oscuro de la libertad en Internet” (todavía no traducido al español) del periodista e investigador Evgeny Morozov, quien simple y llanamente sostiene que la revolución no será tuiteada.
El señor Morozov sostiene que “las redes sociales no sirven para luchar contra el poder. Al contrario, alega que internet es un arma de doble filo, usada hábilmente por los regímenes autocráticos”.
Leo en el citado trabajo que “desde hace tres años más o menos, cada vez que ocurre una demostración popular masiva contra un gobierno X, los medios de comunicación caen en el facilismo de otorgarle una gran influencia a las redes sociales como mecanismo instigador y organizador de esas protestas. El dato es contrastable en la reciente cadena de manifestaciones que este año culminaron con el fiasco de Libia. Allí se puede ver en crónicas escritas o en reportajes televisivos cómo Twitter y Facebook fueron citados en términos exultantes; como si la protesta popular no hubiera existido en la era pre-2.0. Sin embargo, asociar las tecnologías de las comunicaciones en red a una nueva chance para los oprimidos del mundo es un argumento infantil e incorrecto, pues no tiene en cuenta que los mismos líderes que son los blancos de estas revueltas hacen un uso de internet con fines políticos sumamente sofisticado. Los usa —justamente— para controlar, perseguir, encarcelar y reprimir. Puede ser que por un infinitésimo momento el pueblo tome el poder en Twitter. Pero ese momento es efímero. Participar en las redes sociales no es resistir, no es organizar, no es liberarse; es lo opuesto, es entregarse al sistema de una manera orwelliana. La red es un panóptico digital. Y nosotros no somos los vigilantes, somos los vigilados”.
Tremenda la tesis de Evgeny Morozov, investigador y periodista de Bielorrusia, actualmente académico invitado de la universidad de Stanford.
Queda claro leyendo el texto publicado en “Ñ” que Morozov dirige sus baterías contra “ el cyber-utopismo”.
Cito al redactor de El Clarín:
Morozov “Comienza su relato en junio del 2009 en Irán, cuando miles de jóvenes iraníes salieron a las calles de Teherán para protestar por lo que consideraban una elección fraudulenta. En ese momento un periodista llamado Andrew Sullivan posteó un artículo en un blog de la revista The Atlantic, titulado ‘La revolución será twitteada’. Morozov identifica este momento como el principio de la gran mentira, perpetuada hoy en día como un nuevo hecho del panorama político internacional, que Twitter es el nuevo armamento de los potenciales revolucionarios democráticos en regímenes autocráticos”.
Cito ahora algunas de las respuestas que Morozov le dio a “Ñ” por correo electrónico:
PREGUNTA: Dada su opinión sombría del lado orwelliano de Internet, ¿llegaría a recomendar estar completamente off-line como la única forma de tener una vida realmente libre?
RESPUESTA: “Eso sería muy estúpido. Sería como negarse a usar electricidad por preocupaciones sobre el calentamiento global. Internet tiene muchas cosas maravillosas, y también lo tienen las redes sociales. Y no creo que un nuevo movimiento social pueda estar fuera de estas dos cosas si pretende triunfar. El derrotismo no es la estrategia correcta. Sino, hay que identificar los actores principales que hacen que la experiencia on-line sea tan deficiente (en general son gobiernos y empresas) y obligarles cambiar sus políticas”.
PREGUNTA: ¿Cómo interpreta el fenómeno de presidentes y políticos con cuentas de Twitter? ¿Es una obligación que les imponen sus consejeros? ¿O ya es una herramienta indispensable para el discurso político?
RESPUESTA: La política funciona de tal manera que los actores principales suelen llenar todos los espacios disponibles en los medios (¡En este sentido se parecen al gas!)… los políticos están en Twitter por la simple razón de que allí está la gente. Y si no se comprometen con estos medios los mismos serán explotados por sus contrincantes…. simplemente es un truco de la las relaciones públicas.
PREGUNTA: Dada su visión del fenómeno, ¿ha recibido críticas por usar Twitter? ¿Cómo le ayuda en tus trabajos periodísticos y de investigación académica?
RESPUESTA: En realidad, no. Todo lo contrario: la mayoría de las personas aprecian que conozca las plataformas sobre las cuales escribo…. Pero también tendría que contar que recibo la mayoría de mi información por mi Kindle: me subscribo a seis diarios y decenas de revistas. Termino pasando dos horas diarias leyendo todo este material. Pero el lado positivo es que no paso tanto tiempo delante de mi computadora.
PREGUNTA: Haciendo de abogado del diablo: ¿Cuál es su escenario más optimista para la evolución de la Web? ¿De qué manera aumenta la inteligencia humana, tanto la individual como la grupal?
RESPUESTA: “Nunca alegué que la web no fuese útil; como una fuente de información o de conocimientos es una herramienta maravillosa. Los tipos de riquezas culturales que han asistido en abrir hacen volar la mente. Yo mismo las aprovecho de una forma cotidiana. Y espero que todos los libros del mundo se digitalicen y sean accesibles a todos en términos justos (ahora que Google o las Naciones Unidas sea la entidad que haga esto, es algo que está por verse). Entonces, en términos de liberación personal hay mucho que Internet puede ofrecer para ellos que realmente quieran ser liberados. Para las personas que ya llevan vidas empobrecidas consumiendo telenovelas, jugando sudoku o leyendo tabloides en el mundo offline, Internet también es una bonanza — pero para que se pierdan aun más en el mundo de entretenimientos”.
PREGUNTA: Algunas personas, como Kevin Kelly, creen que internet puede llegar a tener la autonomía de un ente independiente. ¿Qué valor le da a tales escenarios?
RESPUESTA: “No mucho. Esta idea es muy vieja. H.G. Wells ya estaba hablando de un cerebro global en los años 30 del siglo pasado. Que la tecnología puede lograr autonomía es un fenómeno que ha explorado profundamente Jacques Ellul en su libro La sociedad tecnológica que fue publicado en los 50. Hay muy poco de original en las teorías como las de Kelly – y no suelen ser muy profundas, intelectualmente hablando… Usualmente estos argumentos benefician las empresas de Silicon Valley que suelen presentar todo lo que hacen como una especie de favor a la humanidad.
PREGUNTA: ¿Twitter es una moda pasajera o todavía tiene mucha vida por delante?
RESPUESTA: “Estoy bastante convencido que dentro de 50 años no existirá Facebook, Google o Twitter. Las empresas que sobreviven mucho tiempo son excepciones. Y dado el estado de la industria de internet hoy (creo que aun estamos en una etapa inicial donde hay muchísima experimentación) es de esperar que los líderes no sobrevivirán mucho tiempo”.
PREGUNTA: Finalmente: ¿Cuales son los libros y los pensadores que —para usted— mejor ayudan entender Internet? Tanto como un artefacto tecnológico y como un fenómeno social.
RESPUESTA: “Desafortunadamente, la mayoría de los libros sobre internet son terribles. Personalmente yo me inspiro en libros sobre la filosofía de la tecnología, muchos escritos antes de que existiera internet. De alguna forma logran informar mejor sobre la dirección de la sociedad tecnológica que cualquier cosa escrita en los 90… Tristemente, aun estamos años luz de una ‘filosofía del Internet’. Esto es algo que me gustaría ver desarrollado”.
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viernes, 15 de abril de 2011
domingo, 27 de marzo de 2011
Iniciativa México y el diario Clarín
Miguel Ángel Granados Chapa y Carmen Aristegui son dos de los más importantes periodistas que hay en nuestro país. El primero, desde hace al menos dos décadas, es uno de los columnistas más respetados e influyentes de México. La segunda, sobre todo en el último lustro, se ha convertido en el referente principal de la radio informativa mexicana. No hay en Televisa, TV Azteca o en los grupos radiofónicos o de diarios impresos que acaban de firmar un acuerdo para la cobertura informativa de la violencia, nadie, y lo digo con toda claridad, nadie, con mayores méritos periodísticos que Granados Chapa y Aristegui (los habrá con los mismos méritos, pero no superiores). Pues bien, esos dos personajes, fundamentales en nuestro periodismo, simple y sencillamente no fueron invitados a participar en la firma, mucho menos en la redacción, del mencionado acuerdo.
¿Puede funcionar un acuerdo entre periodistas al que no se invita a participar a los mejores? No, desde luego. Valga la comparación futbolera, una selección a la que no se convocara al Chicharito Hernández y a Andrés Guardado, que el sábado metieron los goles contra Paraguay, sería cualquier cosa menos la selección nacional. Es que, hay que admitirlo, el mundo está hecho de figuras. Siguiendo con los ejemplos tomados del balompié, contratar al Barcelona campeonísimo (con Messi, Xavi, Villa y el novio de Shakira) cuesta una cantidad de dinero, pero por el Barca sin esos cuatro jugadores nadie pagaría ni la décima parte de lo que vale el equipo completo.
¿De dónde saco la información de que Aristegui y Granados Chapa no fueron invitados a firmar el acuerdo para la cobertura de la violencia? De que ambos así lo dijeron en sus columnas del diario Reforma.
No sé por qué no los invitaron, pero me atrevo a plantear algunas hipótesis:
1. Tanto Aristegui como Granados Chapa son muy críticos de Televisa, que es la empresa que más empujó el acuerdo. Así que, para no incomodar a la televisora, nadie se acordó de invitarlos.
2. Tanto Aristegui como Granados Chapa son abiertamente despreciados por el director editorial de Milenio, Carlos Marín (las columnas de Marín no me dejarán mentir), un hombre muy escuchado por el poderoso Bernardo Gómez, el número dos en Televisa. Así que, es probable, a pesar de su naturaleza conciliadora y negociadora que tan buenos resultados le ha dado, Bernardo se dejó llevar por intrigas para no dar el paso de tomar el teléfono y llamar a Miguel Ángel y a Carmen.
3. Si se planteó la posibilidad de invitar a Miguel Ángel Granados Chapa y a Carmen Aristegui al proceso de redacción de acuerdo para su posterior firma, seguramente alguien llegó a la conclusión de que era inútil llamarlos ya que, bajo ninguna circunstancia, ni Miguel Ángel ni Carmen lo iban a firmar.
Sea lo que fuera, a Granados Chapa y a Aristegui no se les convocó al acuerdo mediático. Y por lo tanto no lo firmaron. Ni lo firmaron, tampoco, los dos más importantes diarios mexicanos, Reforma y La Jornada, ni la revista Proceso ni otros medios que, como MVS, comparten una característica que los distingue: son muy críticos hacia los poderes políticos y económicos que dominan a México.
Lo más lamentable es que, periodistas menos críticos que sí firmaron el acuerdo, se han dado a la tarea de cuestionar a quienes no lo hicieron, generando en buena parte de la opinión pública (los medios electrónicos que sí firmaron tienen grandes audiencias) la idea de que hay periodistas “irresponsables” que no son capaces de pensar en lo que al país le conviene en un momento de auténtica guerra contra el narcotráfico.
Es muy peligroso que se empiece a dividir a los medios entre “patrióticos y responsables” y “antipatrióticos e irresponsables”. Porque esto es la antesala de hechos contra la libre prensa como los que tienen enfrentado, desde hace años, al gran diario Clarín, de Argentina, con el régimen de los Kirchner (el expresidente Néstor, que en paz descanse, y Cristina, la actual presidenta). Un enfrentamiento que, en las últimas horas, permitió que un líder gremial corrupto impidiera, con el gobierno de simple espectador, la circulación de ese, el gran diario de América del Sur que, tristemente, este domingo no llegó a los quioscos.
En México estamos lejos de llegar a tales extremos. Pero con acciones a favor de las estrategias del gobierno como la de Iniciativa México en la que solo se permitió opinar a unos medios, dejando fuera de la discusión a otros, poco a poco nos acercamos a los episodios lamentables que este domingo enlutaron a la prensa libre en Argentina.
jueves, 24 de marzo de 2011
24 de marzo
Si el 23 de marzo de 1993 fue un día de horror en México, el 24 de marzo de 1976 fue algo todavía peor para Argentina. Hubo en aquel país extraordinario un golpe de estado.
Ese día, en Argentina, Isabel Perón fue detenida y trasladada a la provincia de Neuquén. Inmediatamente después, una junta de militares asumió el poder. La integraban el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Eduardo Emilio Massera y el brigadier general Orlando R. Agosti.
A partir de ese momento, Videla se convirtió en un sanguinario dictador. Por la fuerza de las armas destruyó toda clase de disidencia. Reprimió, así, a políticos demócratas, a líderes sociales y sindicales, a académicos e intelectuales.
Argentina, por ese golpe de estado, vivió el terror verdadero. Leo en internet que con Videla los argentinos vivieron el proceso autoritario más sangriento de su historia: “Estudiantes, sindicalistas, intelectuales, profesionales y otros fueron secuestrados, asesinados y ‘desaparecidos’. Mientras tanto, mucha gente se exilió”. Muchos de los perseguidos llegaron a México, y aquí hicieron sus vidas.
Pues bien, leo hoy en Clarín, diario líder de Argentina, una columna de Ricardo Roa (“Una mala fotocopia de los 70”) que voy a reproducir simple y sencillamente por todo lo que me ha impactado:
“El 24 de marzo no brotó por generación espontánea. Llegó precedido de una fragilidad institucional tan profunda que parecía a punto de romperse cada día. Y de una violencia que era casi un sinónimo de la política: la lucha armada era aceptada por muchos como una alternativa válida. Había atentados y muertes cotidianas provocados por los grupos guerrilleros y la banda parapolicial de la Triple A. El golpe no puede ser entendido sin entender esa crisis.
“Vino después el terror como política de Estado y la huida hacia adelante que los militares imaginaron con Malvinas. La guerra se perdió por goleada. Y en el largo paréntesis de hibernación cívica hubo de todo: los que sufrieron y los que no se enteraron. También quienes sabían y miraron hacia el costado por miedo. Los que apoyaron y aún los que sacaron provecho.
“Es el día de la memoria y honrar la memoria no es decir cualquier cosa sobre lo que ocurrió sino contarlo tal y como ocurrió. Leer los años 70 sólo como una epopeya de militantes que deben ser exaltados contra los genocidas es tan distorsivo como calificarlos de lo contrario.
“En algún punto es borrar la memoria mientras se vocifera que la recuperan. Pero el Gobierno encontró en la manipulación de los derechos humanos un combustible político. Y para algunos ni siquiera importa que los Kirchner hayan sido militantes imperceptibles: recién se interesaron por el tema cuando llegaron al poder.
“La memoria de la dictadura, que es para cualquier persona honesta la memoria del horror, debe pensarse y repensarse, como la del tiempo que la precedió. Rescatar toda la complejidad de esos años terribles para entender qué nos pasó como sociedad. Mirar atrás no para quedarse en los 70 sino para no repetir sus errores”.
Es bueno recordar el 24 de marzo argentino para entender lo que podría pasar en México si, en los procesos electorales que viviremos en 2011 y 2012, se repite aquel aciago 23 de marzo de 1994.
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