Desde que empecé a leer noticias en los diarios, hace unos 18 años, estoy al tanto de que un porcentaje elevadísimo de las protestas que se realizan en la Ciudad de México cuestionan a Televisa, ya a sus directivos y propietarios, ya a sus periodistas.
Pues bien, este sábado 5 de noviembre cientos de “indignados” se plantaron frente a la televisora de Emilio Azcárrga Jean.
Se trató de una protesta con un nombre mercadológicamente más o menos adecuado: #occupytelevisa, que es una copia del #occupywallstreet.
¿Resultó exitoso el #occupytelevisa? No mucho. Apenas 500 personas alzaron la voz afuera de la principal compañía de televisión de México.
Se comprende la molestia contra Televisa. Por un lado, es prácticamente un monopolio informativo por televisión (TV Azteca representa más bien poco en términos de influencia), y por otra parte la calidad de su programación deja mucho que desear.
El enojo se entiende, sin duda, pero no veo cómo, con protestas como #occupytelevisa, se le podrá quitar a Televisa el control sobre la información que recibe la mayor parte de la población mexicana, o bien cómo se logrará con tales acciones una mejoría sustancial en la calidad de sus contenidos.
Ya protestaron contra Televisa el PAN, sobre todo Manuel “Maquío” Clouthier” en 1988; los estudiantes de la UNAM cuando ha habido huelgas en la máxima casa de estudios; Andrés Manuel López Obrador, sobre todo después de las elecciones de 2006; el SME, particularmente desde que desapareción la Compañía de Luz y Fuerza.
¿Sirvieron para algo esas protestas? A lo sumo, para que Televisa cerrara por unas horas sus instalaciones y para que enviara a casa a sus empleados durante un día.
Hay que entender las cosas como son: a Televisa solo la va a controlar un gobierno realmente democrático que llegue al poder sin deberle nada, de tal modo de que le aplique las leyes antimonopolios y de que le exija cumplir con el espíritu de los acuerdos originales mediante los que esa compañía se fue haciendo de frecuencias de televisión concesionadas por el estado*
Sin un gobierno diberente Televisa seguirá imponiendo sus condiciones. Y, desgraciadamente, no parece haber muchas posibilidades de que, en 2012, ese sueño se realice.
Si no por otra cosa, porque casi todos los aspirantes a la Presidencia, de todos los partidos, mucho le deben a Televisa. Pienso en Enrique Peña Nieto, en Manlio Fabio Beltrones, en Ernesto Cordero, en Josefina Vázquez Mota y en Marcelo Ebrard Casaubón.
El único que cuestiona a Televisa, López Obrador, se ve lamentablemente con escasas posibilidades de llegar al poder. Las cosas, como son.
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domingo, 6 de noviembre de 2011
lunes, 11 de abril de 2011
Señores del SME, ¡ya basta!
Estoy tan indignada como los integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas por lo que les hicieron.
Absolutamente inaceptable me parece que les hayan destruido su sindicato, cerrado su empresa y dejado a miles sin empleo. Peor aún porque el gobierno lo hizo, más que por razones técnicas o económicas, por vulgaridades políticas.
Si lo técnico o lo económico fuera la motivación de Los Pinos, Felipe Calderón habría acabado primero con los excesos en los sindicatos de maestros y petrolero, por mencionar a dos elefantes blancos, costosísimos para el erario, pero sobradamente eficaces a la hora de llevar votos a las urnas a favor del PRI o del PAN.
Se atacó al SME, definitivamente un mal menor comparado con el SNTE y el STPRM, por su militancia de izquierda y su compromiso con numerosas causas sociales que al gobierno y a las cúpulas empresariales les tienen absolutamente sin cuidado.
No puedo, así, estar en contra del derecho del SME a protestar en forma pacífica incluso llegando a la desobediencia civil, que es legítima desde los tiempos de Henry David Thoreau y que Gandhi universalizó.
Pero en un país destrozado por el exceso de violencia, asolado por el crimen organizado, devastado por una guerra sin sentido, que el SME salga ahora con empezará a protestar incendiando coches en las calles de la Ciudad de México, representa una invitación al caos y a la barbarie. Y eso es algo que nadie puede apoyar.
Si el SME desea que los ciudadanos sigan viendo con simpatía su movimiento tendrá que evitar seguir actuando como las mafias del narco. Espero que todos sus integrantes, tanto sus líderes como la base, entren en razón.
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