Mostrando entradas con la etiqueta Emilio Azcárraga Milmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emilio Azcárraga Milmo. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de abril de 2011

Paula Cusi, mujer de dinero y poder, pero…

En su momento, durante su matrimonio con Emilo Azcárraga Milmo, ella fue lo más parecido a una reina en el contexto de la familia mexicana más conocida y envidiada. Heredó una fortuna cuando su marido murió, y quiso más, seguramente con razón. Ella sintió que el hijo de su pareja la despojó de una parte de su patrimonio, y se fue a los tribunales. Asesorada y representada por algunos de los más competentes y costosos abogados mexicanos, pensó que podía poner en jaque mate a Emilio Azcárraga Jean y a otras personas.

De hecho, a juzgar por los últimos acontecimientos, tal vez la señora Cusi se estaba saliendo con la suya y estaba llevando al terreno del jaque a Emilio chico. Por eso, el actual presidente de Televisa tuvo que tomar la decisión de superar un litigio civil que se le había complicado con una clara exhibición de poder: metió a la cárcel, a la fea cárcel de Santa Martha Acatitla, a una bella y elegante señora acostumbrada a vivir rodeada de lujos.

Ya en prisión, la señora Cusi tenía sólo dos opciones: pelear por su inocencia a lo largo de un año como interna en Santa Martha Acatitla y probablemente ganar el juicio, de tal modo de seguir poniendo en jaque en el litigio civil a Azcárraga Jean, o bien rendirse, olvidarse de seguir reclamando los bienes de los que según ella la despojaron, salir de prisión y regresar a su casa en Paris, donde seguramente le sobran amigos y amigas del jet set que sabrán consolarla.

Escogió la segunda opción, ya está en libertad, volverá a su vida de siempre y el poderoso Azcárraga Jean seguirá en lo suyo. Seguramente la señora Cusi hizo lo correcto, nadie está obligado a permanecer un año tras las rejas peleando por sus derechos. Es que, sin duda, la vida humana es como la cadena alimenticia en el mar: el pez más grande invariablemente se come al más chico. Y siempre hay alguien más grande que una.

Paula Cusi tenía a los mejores abogados y quizá hasta tenía la razón. No contó con el hecho de que Emilio Azcárraga chico también tenía abogados, también pensaba tener la razón, pero tenía algo más: poder político, capacidad de pedir favores para hacer lo que finalmente hizo. En fin, allá ellos y que sean muy felices.

Pero esa historia a los mexicanos comunes y corrientes nos deja una lección muy amarga: que en nuestro sistema de derecho si una exige justicia en cualquier asunto civil o familiar se corre el riesgo de que el rival, con poquitita influencia que tenga, decida ganar transformando el litigio en un asunto penal.

La verdad de las cosas es que es de lo más injusto que nuestras leyes permitan que conflictos que nada tienen que ver con delitos, sino con diferencias en problemas de divorcio, de deudas, de herencias, societarios, etc., puedan ser sacados por cualquiera de las partes del ámbito civil para ser llevados a lo penal. Es algo que todos los días se ve. Pero es algo que no debe ocurrir. Porque un demandante que de buena fe exige que se le respete un derecho no tiene ninguna garantía de que su demandado no se defenderá manipulando las cosas hasta llevarlo a la cárcel.

Es mucho lo que nuestro estado de derecho tiene que cambiar para dejar de ser lo que en realidad es: un estado de chueco.

lunes, 25 de abril de 2011

Los Azcárraga

En México no tenemos, estrictamente hablando, una familia real, pero compensamos esta falta con los Azcárraga. Los integrantes de este grupo son lo más parecido, entre nosotros, a los príncipes, princesas, condes y todo eso que en las monarquías brinda los mejores espectáculos a la gente común y corriente que se emboba con los matrimonios, los pleitos, las ambiciones, las traiciones de sus nobles.

Por muchas razones los Azcárraga son la familia más conocida entre los mexicanos y, por lo mismo, la que más motivos brinda para el comentario entre los ciudadanos comunes y corrientes. 

Hace más de diez años, cuando falleció Emilio "El Tigre" Azcárraga Milmo, la gran noticia fue su testamento. Lo que dejó a sus mujeres, sobre todo a Adriana Abascal y a Paula Cussi. Lo que dejó a los otros miembros de su familia. Pero sobre todo la manera en que organizó las cosas en su imperio para que lo controlara su hijo Emilio Azcárraga Jean, de tal forma de que nunca quedara en poder de Alejandro "El Güero" Burillo.

Gran noticia fue también todo lo que tuvo que hacer Emilio chico para afianzarse en el poder en Televisa, ya que si la voluntad de su padre era que él mandara en el negocio más influyente que hay en México, lo único que heredó el actual presidente de la televisora fueron problemas más muchas deudas. Deudas con medio mundo y problemas derivados de que las acciones de la compañía estaban repartidas en muchas manos. 

Tuvo que intervenir otra familia que pronto será también una familia real en México, los Slim, para garantizarle al heredero del "Tigre" el control de Televisa. 

Durante años los Slim y los Azcárraga se llevaron maravillosamente, hasta que las ambiciones y el dinero los separaron. Hoy las dos familias se encuentran enfrentadas, en un combate que la nación entera ve con expectación y que los está convirtiendo en algo así como en una versión criolla de los Montesco y los Capuleto. Habrá que esperar, si siguen peleados varios años más, si no ocurre que se enamoren algún hijo o hija de Azcárraga y un nieto o nieta de Slim, lo que nos dará a los mexicanos si no una tragedia del nivel de “Romeo y Julieta” de Shakespeare, si al menos una buena telenovela para casos de la vida real. 

Todo lo que han hecho los Azcárraga, como ocurre en las familias reales europeas, divierte al populacho. Desde las historias del súper yate que tenía "El Tigre" Azcárraga hasta la contradicción de que el mexicano más guadalupano que hay, Emilio chico, se casó con una judía, lo que significa que sus hijos oficialmente no podrán ser guadalupanos: en algún momento esto podría meter en serios aprietos culturales al imperio televisivo. 

Si en Inglaterra tienen matrimonios reales de alto impacto en la opinión pública, a nosotros Emilo Azcárraga Jean nos ha regalado ya dos bodas y un divorcio más lo que logre acumular en los 40 años que, más o menos, le quedarán de vida. 

"El Tigre" escandalizó cuando declaró que él era un soldado del presidente y del PRI. Emilio chico, ya de otra generación, con toda naturalidad se asume como el que manda en Los Pinos, en el PRI y en el PAN y está empeñado en tener su propio presidente, Enrique Peña Nieto, al que ya hasta mujer le consiguió.

Azcárraga Jean detiene al país cuando se le pega la gana, por el Teletón, por los capítulos finales de sus telenovelas, por sus programas de concursos o por un buen partido de futbol. Y se da el lujo de convocar a todos los medios que le hacen caso, que son casi todos (excepto los poquitos con credibilidad), para anunciar los más descabellados disparates periodísticos, algo que, pasmada, la nación entera sigue en cadena nacional.

Ahora, Azcárraga Jean está en pleito con la última esposa de su padre, disputando ambos la herencia del famoso "Tigre". En este duelo de poder a poder, pudo más Emilio, quien logró el arresto de Paula Cussi antes de que ella rindiera su declaración.

No puedo juzgar, porque no conozco los detalles legales del asunto, quién tiene razón en este litigio. Lo que sí sé es que los Azcárraga seguirán dando de qué hablar. Ojalá algún día surja en la literatura mexicana un Thomas Mann que escriba la gran novela de "Los Azcárraga" por lo menos con la décima parte del talento con el que Mann redactó "Los Buddenbrook".