Estoy leyendo en Internet que Televisa, la televisora propiedad de Emilio Azcárraga Jean, ha vetado al cantante Luis Miguel. ¿Por qué diablos el intérprete de la incondicional ha sido castigado tan severamente? Simple y sencillamente porque se atrevió a actuar en la inauguración de la Arena México, que pertenece a un hermano del presidente de TVAazteca, Ricardo Salinas Pliego.
¿Va a perder contratos Luis Miguel? Ninguno. ¿Se van a vender menos sus discos? No, y hasta es probable que se vendan más. ¿Va a ir de rodillas Luis Miguel a la oficina de Azcárraga a pedir perdón? Con lo divo que es, seguramente el cantante está pensando "Azcárraga no existe".
La verdad de las cosas es que un veto de Televisa puede ser mortal para actores o cantantes menores, pero es de risa loca si se aplica a figuras tan consolidadas como Luis Miguel.
En la política es lo mismo. Sin Televisa no son nada los políticos sin personalidad, sin liderazgo y sin trayectoria, pero para nada necesitan a la televisora los dirigentes fuertes y prestigiados.
Un político que ha podido consolidar un movimiento de millones de seguidores sin Televisa, e inclusive contra Televisa, es Andrés Manuel López Obrador. Durante años Televisa lo atacó, lo ninguneó, lo ignoró, y López Obrador como si nada. De hecho, cuando inició el actual proceso electoral Andrés Manuel, peleado con Televisa, estaba muy por encima del PAN en las encuestas... y aquí viene la moraleja.
El PAN empató a Andrés Manuel cuando el tabasqueño hizo las paces con Televisa...
O sea que sin Televisa el Peje estaba mejor que con la televisora. Ojo Luis Miguel, no te vayas a arreglar con Azcárraga, no vaya a ser que de verdad tu carrera empiece a ir hacia abajo.