Mostrando entradas con la etiqueta Natalia Colmenares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Natalia Colmenares. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de diciembre de 2022

El poder en la mujer, ¿destruirlo o cambiarlo?

Puedo generar controversia, pero eso es justamente lo que no busco.

 

Hace algunos años, en los inicios de mi carrera dentro del complejo mundo de la comunicación política, por invitación de un hoy exgobernador, acudí a su estado.

 

Fui recibida y conducida hacia donde él, junto con otras personas, cenaba en un conocido y afamado restaurante del lugar donde ya me esperaban. Al finalizar la noche, él indicó a parte de su personal de seguridad que me condujeran al lugar donde yo sería hospedada durante mi estancia, además de darme indicaciones sobre lo que haríamos a la mañana siguiente: nos reuniríamos en un estadio de fútbol donde nos esperaría un helicóptero para sobrevolar tierras mexicanas que él entonces gobernaba. Fue así como empecé a trabajar para aquel político siendo parte de un gran equipo conformado para difundir su agenda política y actividades gubernamentales. Aquellos fueron años de mucho aprendizaje para mí.

 

Con el transcurso del tiempo logro recrear fascinantes experiencias que he tenido a lo largo de mi carrera. Saboreo “a un nivel profundo”; me gusta analizar lo vivido en este territorio tan particular que son los círculos más íntimos y de confianza.

 

Leí recientemente “El último hombre blanco” publicado por Nuria Labari. Ella escribe sobre “el poder”. Y no sobre cómo alcanzarlo, o detentarlo (que también), sino por qué destruirlo y cambiarlo. Se refiere a este mundo que intenta gritar que las reglas se conservan ahí donde no se discuten; reglas de hombres que no se cambian puesto que les hemos concedido tener siempre la razón.

 

Lejos de montarme sobre una reseña feminista con argumentos sólidos sobre desigualdad en el mundo, me iré del lado de lo salvaje y emocionante que me resulta una historia como la mía; personalísima. De cómo he experimentado y aprehendido actitudes dentro de un ambiente profesional, en mi caso, correctamente político.

 

“Hoy hay que ser mujer y hombre, por separado y simultáneamente; como si fuese ello una preciosa aleación de hierro y carbono resistiendo altísimas temperaturas sin deformarse”, dice la escritora y periodista en esta novela; lectura que obliga a reflexionar sobre lo cotidiano para nosotras las mujeres. 

 

El libro me resulta como una encarnación muy vívida. Y sigue:

 

“Como mujer he moldeado mi cuerpo, mi tiempo, mi lenguaje y hasta mi vida sexual. ¿Y todo esto para qué? Para conseguir tener tanto poder como un hombre y ser aceptada en sus círculos, ganarme su total confianza y convertirme, por fin, en uno de ellos. ¿A alguna de ustedes les suena conocido un caso como este? Sucede, sobre todo, en el ámbito laboral, sí… donde la falda, los tacones y la blusa se ajustan a nuestro cuerpo con fuerza para ser más fuerte que la mayoría, más agresiva y más hombre que cualquiera de los que nacieron con el privilegio de serlo.” Y es que es así. Yo aprendí a trabajar como hombre y a conducirme como uno de ellos. A vestirme de igual manera dentro de la arena donde se toman las decisiones. A hablar y reír cuando se lanza algún comentario machista o un chiste sexista pues “nadie se fiará de nosotras mientras no seamos uno de ellos.” Este libro está lleno de verdades.

 

Y que “el control del cuerpo que el trabajo exige de ellos es otro. Siempre se sentirán a salvo bajo sus camisas de manga larga y zapatos ingleses. Nuestro cuerpo, en cambio, está siempre expuesto. Un buen cuerpo en una mujer que va al trabajo sigue siendo lo mismo que un traje caro en el cuerpo de un hombre.”

 

“Pues resulta que cuando cualquier mujer como yo se siente en la cima de su carrera profesional, cuando lleva años viviendo, pensando y ganando exactamente lo mismo que sus colegas masculinos, una se atreve a echar la vista atrás y observar que nuestro éxito es también resultado de una monstruosa transformación personal.”

 

“Pudiera yo ser la voz y testimonio de cualquier hombre poderoso, pero no. Sólo creí que necesitaba escalar una montaña para llegar a la cumbre y que ese camino, si bien no tiene por qué ser elegido, sí debe ser recorrido palmo a palmo. Como si el bienestar económico o laboral tuvieran relación, no con las necesidades básicas del individuo, sino con el goce de la vida.”

 

Son palabras contenidas en las páginas de Nuria, pero bien hubiera querido escribirlas yo. Hay en ellas plena identificación de mi parte. A lo que voy y lo importante es una verdad clarividente revelada en dicho texto: el “trabajo” es el lugar donde la transformación es posible para las mujeres en un solo sentido: la retribución económica. “Trabajo” es la única palabra masculina que de verdad nos hará libres a las mujeres de todo el mundo. El dinero hay que ganárselo y el trabajo es lo que permite repartirlo con justicia. El dinero es lo único capaz de convertir el mal en bien.

 

Pero es con el tiempo y, a veces a falta de él, que llegó a mí una respuesta; la inteligencia obliga a preguntarse a qué le damos sentido y dirección. La transformación de la mujer a través de su realización profesional nos obliga a ajustarnos a modelos que nos siguen siendo ajenos. ¿Seremos capaces de cambiar nuestro entorno para seguir desarrollándonos? Nuestras decisiones personales siempre serán parte de esta evolución. 

 

Mi recomendación es leer a Nuria Labari con El último hombre blanco: 266 páginas de aguda introspección. Deslumbra su escritura afilada y hermosa con la que va destruyendo a martillazos verbales la fiabilidad de ese mundo que parece tan conocido.

lunes, 22 de agosto de 2011

Sorprenderse, extrañarse...

Amaneciendo hoy lunes, a diferencia de otros años al inicio del ciclo escolar, no me apresuré a hacer las cosas. Desperté más temprano que de costumbre y antes de iniciar con actividades para llevar a mis hijos a la escuela a su primer día de clases, me tomé un respiro, recordando y rememorando las altas y las bajas a las que he estado sometida desde que empecé a publicar mis escritos. 

Me vino a la mente una columna que publiqué el dia 12 del mes de octubre pasado. Vale la pena no pasar por alto el camino por el que uno va forjando y fortaleciendo los pasos, pues eso es lo que somos. Es así como nos construimos a nosotros mismos.  Es por esto que, en una especie de mirada introspectiva, comparto con ustedes algo que para mí fue importante, reproduciendo aquella columna en la que me despedí de un medio que me dio tanto, SDPnoticias.com.

Cierto es que somos lo que experimentamos. Cierto es que hay tantas verdades como puntos de vista. Cierto también es que el mundo es tal como lo percibimos. Y es por esto que hoy recuerdo las cosas que me han hecho llegar hasta aquí. 

Hoy como desde el primer día, me siento agradecida (y en deuda) con ustedes, con las personas que han creído en mí, que me siguen y que leen mis publicaciones.

Plasmo aquí lo sorprendida y extrañada que a veces me siento... 

Como en ese día y como hoy, ¡digo GRACIAS!



“Sorprenderse, extrañarse…”
NATALIA COLMENARES (@NATCOLMENARES)
12-10-2010

Kant hablaba en su filosofía del fenómeno y del noúmeno. El primero es el mundo tal como lo percibimos. El segundo, el mundo tal como existe independientemente de nuestra experiencia, esto es, la cosa en sí. Al noúmeno, realidad inteligible, no lo conocemos. Debemos así conformarnos con el fenómeno, realidad sensible. Somos, pues, lo que experimentamos. Y cada nueva vivencia, sobre todo si una no ha perdido la capacidad de asombro, es un aprendizaje.
"Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender", dijo José Ortega y Gasset. Escribo la presente columna en SDPnoticias.com porque sigo sorprendida, extrañada ante la reacción de tantas personas a mi anuncio de que dejaré mis colaboraciones en este diario digital. Empiezo a entender lo valioso que es el afecto entre seres humanos que no nos conocemos, pero que nos identificamos por lo que decimos sin vernos las caras, que nos sentimos parte de lo mismo porque compartimos ideas y aspiraciones a pesar de que sabemos que probablemente no nos encontraremos jamás.
No pensé, al anunciar mi salida de SDPnoticias, que iba a recibir ni un solo comentario pidiéndome seguir con mis columnas que, lo admito, son las de una mujer que da sus primeros pasos en el complejo mundo de la comunicación. Me siento tan agradecida como en deuda.
Estoy por emprender nuevos proyectos profesionales.  No necesariamente incompatibles con la publicación de columnas en un sitio noticioso, pero que exigirán mucho de mi tiempo que ya es bastante limitado (si hay algo con lo que no contamos las madres de familia divorciadas es con tiempo). El domingo en la noche, después de platicarlo con Federico Arreola por teléfono, llegamos juntos a la conclusión de que lo mejor era que yo dejara de publicar en SDP. Así, lo anuncié en Twitter. Pero, lo dijo el anteriormente citado Ortega y Gasset, hay tantas verdades como puntos de vista. Y la verdad de no pocos hombres y no pocas mujeres que me han leído no coincidió con la encontrada por el señor Arreola y por mí. Él y yo habíamos pensado que una columna más, una columna menos, no hace ninguna diferencia. No contábamos con el afecto que en pocos meses nació entre las personas que me han leído y yo.
Me asombra que tanta gente me haya pedido, tan amistosamente, que continúe en este sitio compartiendo mis puntos de vista. Mentiría si dijera que no lo estoy evaluando. Por lo pronto, he redactado una larga carta de despedida que publicaré aquí, a partir de mañana, en varias entregas. En la misma toco distintos temas. Desde mi ideología "de derecha", que tanto me han reprochado algunos izquierdistas, hasta mi breve participación en dos o tres reuniones con parte del equipo de López Obrador, que han dejado grandes lecciones en mi vida, sin olvidarme de la derrota de la ciudad de Monterrey ante el crimen organizado y, desde luego, volviendo a una percepción basada en hechos duros que molestó por igual a pejistas y a panistas: el buen trabajo realizado por el gobierno de Veracruz en la crisis de las inundaciones.
Gracias, hasta mañana.