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martes, 19 de abril de 2011

A un año de la marea negra en el Golfo de México

Hace un año explotó una plataforma de BP en el Golfo de México. La compañía petrolera la utilizaba para perforar a más de un kilómetro y medio bajo el nivel del mar. El accidente provocó la muerte de 11 trabajadores y, también, uno de los mayores desastres ecológicos que se recuerden.

Cinco millones de barriles de petróleo fueron a dar a las aguas del golfo y a algunas de sus playas, sobre todo en Estados Unidos, en las costas de Luisiana, Misisipi, Alabama y Florida.

Un año después el balance es hasta cierto punto positivo en algunos aspectos, pero podrían todavía presentarse serios daños en los ecosistemas.

Por fortuna, el 86% de los componentes cancerígenos de la mancha, sobre todo el metano, se han evaporado. En www.publico.es se afirma que “el clima cálido y la complejidad del ecosistema del delta del Misisipi, muy rico en bacterias, habrían ayudado a descomponer los elementos químicos del escape. Es lo que han demostrado muchos estudios”.

Pero en la misma nota se advierte que “una oceanógrafa independiente de la Universidad de Georgia, Samantha Joyce, asegura que el daño colateral es grande porque la bacteria que se ha comido el metano ha creado una capa grasienta que se ha depositado en el fondo del océano, ahogando los organismos que ahí viven”. Esto es algo que podría afectar seriamente a la cadena alimentaria.

No solo el petróleo derramado causa problemas, sino también los siete millones de litros de productos químicos que se usaron para dispersar la mancha, que no se han degradado del todo.

A esa combinación de la marea negra y de los químicos utilizados para combatirla se debe, por ejemplo, la muerte de un número considerable de delfines y se estima que, por la misma causa, perecerán más de 20 mil aves.

Cito de nuevo a www.publico.es: “El petróleo enterrado, además, es particularmente peligroso para las tortugas marinas. Cinco de las siete especies que existen en el mundo anidan en las costas del Golfo y, aunque cientos de voluntarios consiguieron salvar unos 28.000 huevos y multitud de crías, no se conocerán realmente las repercusiones de la catástrofe hasta que alcancen la edad adulta y vuelvan a las costas, dentro de 20 años”.

Este es el balance un año después de que se probara que las exploraciones profundas para ubicar petróleo son altamente peligrosas para el medio ambiente. Un balance que hoy debemos hacer en el contexto de una grave crisis nuclear en Japón de consecuencias todavía imprevisibles.

Mucho tendrá que trabajar el ingenio humano para encontrar formas de producir energía no sólo en forma más económico sino, particularmente, más segura para nuestras sociedades.

martes, 22 de marzo de 2011

Los alimentos, el petróleo y Japón, riesgo para la economía mundial

Desde antes de empezar a publicar columnas en medios digitales soy lectora de la prensa económica española. Me parece muy buena y recurro a ella no necesariamente para enterarme de lo que pasa con las empresas de Barcelona, Madrid y Valencia, sino especialmente para informarme acerca de las tendencias de economía mundial.

Pues bien, en el sitio www.eleconomista.es leí una nota que ciertamente me alarmó, sino por otra cosa, por la contundencia con la que anuncia un nuevo huracán económico que sacudirá al país entero. Se titula "Ocho claves que desatarán una tormenta perfecta sobre la economía mundial" y la sintetizo enseguida.

El trabajo periodístico se basa en el diagnóstico de un experto de Citigroup, Guillermo Felices, quien "se ha puesto el traje de profeta y en un interesante informe analiza los ocho shocks que azotan a la economía de todo el mundo."

El primero de esos shocks es el aumento del precio de los alimentos en los países emergentes, como China e India, donde los cambios climatológicos, el aumento en la demanda y una caída en la producción pueden provocar serios problemas. Para evitar un desastre los gobiernos de estos países tendrán que actuar, es decir, subsidiar a los más pobres.

El segundo shock tiene que ver con una subida en las tasas de interés y con un endurecimiento en la política monetaria en esos países emergentes, como una consecuencia de la subida de los precios de los alimentos. Desgraciadamente estas medidas no garantizan que se detenga el alza en los precios de los alimentos.

El tercer shock también es una consecuencia del aumento del precio de los alimentos, que ha generado protestas políticas muy fuertes en países del medio oriente. La inestabilidad ya llegó a Túnez y a Egipto y en este momento está provocando en Libia un costosísimo ataque financiado por las potencias occidentales.

El cuarto shock tiene que ver con subidas en el precio del petróleo, que es una consecuencia de la inestabilidad política en el medio oriente. Esto es algo que ya impacta directamente en las economías de Europa y de Estados Unidos.

El quinto shock... bueno, este quinto shock ya estaba anunciado: subir las tasas de interés en Europa a partir de abril, como había adelantado en Banco Central Europeo, que ha considerado necesario acabar con el dinero barato dada la magnitud de la crisis financiera en Portugal, Grecia, Irlanda, Italia y España.

El sexto shock tiene que ver con un endurecimiento en la política monetaria de Estados Unidos, que no encuentra la forma de terminar de salir de su crisis económica.

El séptimo shock tiene que ver con la implantación de fuertes medidas de austeridad fiscal y con la puesta en marcha de reformas estructurales en Europa y en Estados Unidos que necesariamente generarán desempleo.

Y, dice el dicho, "Éramos pocos y parió la abuela", pues el octavo shock tiene que ver con la catástrofe japonesa, donde la combinación de un terremoto, un tsunami y una emergencia nuclear tienen al borde de la muerte a una de las mayores potencias económicas del mundo.

O sea, como dicen en los aviones las aeromozas cuando empieza la turbulencia, otra vez vamos a tener que abrocharnos el cinturón y mantener la calma porque nuestra economía se va a zarandear muy fuertemente.