"No pueden conocerse las cosas de este mundo sin conocer las matemáticas": Roger Bacon.
"Las matemáticas parecen dotarnos con una especie de nuevo sentido": Charles Darwin.
"No se preocupe por sus dificultades con las matemáticas. Puedo asegurarle que las mías son aun mayores": Albert Einstein.
"La medicina hace a los hombres enfermos, las matemáticas los hacen tristes y la teología los hace pecadores": Martín Lutero.
"Las ecuaciones son solo la parte aburrida de las matemáticas. Yo intento ver las cosas en términos de geometría": Stephen Hawking.
Estas citas las tomé del libro "Baúl de tesoros matemáticos" de Ian Stewart que he estado leyendo. No estudié matemáticas, desgraciadamente. Si volviera a la escuela me inscribiría en cualquier carrera que tuviese un alto contenido matemático.
Por lo pronto, utilizando el libro de Stewart y otros ensayos que he encontrado en Internet estoy decidida a aprender a usar el ábaco, una curiosidad histórica tal vez inservible en la actualidad, sobre todo si se le compara con las calculadoras y las potentes computadoras a las que muchos tenemos acceso.
Sí, es fácil y práctico calcular en la era digital. Pero ninguna operación aritmética que yo haya realizado en una calculadora electrónica me ha dado tanto placer como el empezar a entender los principios básicos del ábaco.
Los invito a que ustedes inviten a sus hijos a apasionarse por el maravilloso mundo de las matemáticas, ya que solo con ellas podremos llegar a una cuarta dimensión que es el lugar en el que habita Dios.