jueves, 17 de abril de 2014

El Gabo, el viejo y el nuevo periodismo y Twitter como escuela

Hace casi 20 años, en El País, Gabriel García Márquez escribió sobre “el mejor oficio del mundo”, que en su opinión y en la de muchos es el periodismo. El artículo completo puede ser leído aquíhttp://elpais.com/diario/1996/10/20/sociedad/845762406_850215.html. Sin duda, vale mucho la pena. El texto lo leyó el premio Nobel de Literatura el 7 de octubre de 1996 en Los Ángeles en la 52 Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa.

El Gabo empezó su reflexión diciendo que “hace unos cincuenta años” no estaban de moda las escuelas de periodismo. Es decir, en los cuarenta del siglo XX el periodismo se aprendía empíricamente “en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos”.

El premio Nobel dijo en el citado artículo que “la creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico”. Pero en ese proceso sus inventores “se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social”.

Como el resultado, para García Márquez, no había sido alentador –“los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales–, el premio Nobel decidió rescatar el oficio a través de la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano.

El diagnóstico del autor de “Cien años de soledad” partía del hecho de que “el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro”.

Y bueno, en 1996 el señor García Márquez no hablaba de las maravillas tecnológicas de hoy, sino de avances de esa época que, frente a lo conocido actualmente, parecen tan elementales. Recordemos que a mediados de los noventa del siglo pasado apenas se empezaba a usar el celular, que solo era un teléfono “no inteligente”; si acaso, para transmitir informaciones, los periodistas más avanzados o con más dinero usaban computadoras personales –nada que ver con las actuales– y recurrían al modem o bien al internet que apenas empezaba y presentaba tantos problemas.

Para que los periodistas en formación dejaran de ser víctimas de las escuelas de Comunicación Social que “enseñaban muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo”, y también para que los muchachos no se perdieran en “el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro”, García Márquez inició su cruzada del Nuevo Periodismo Iberoamericano, que es ni más ni menos que “el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público”.

Reunió el premio Nobel a un grupo de periodistas independientes para hacerlo, desde Cartagena de Indias, para toda América Latina. Ha sido exitosa la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, no puede haber la menor duda. Pero, como muchos de los proyectos exitosos que tratan de impactar en algo de tanta trascendencia para toda la humanidad como el periodismo, también ha sido un esfuerzo insuficiente. Y me temo que, en los tiempos actuales, se trata de un proyecto rebasado por las redes sociales de internet.

No sé si Gabriel García Márquez estará de acuerdo conmigo, pero ahora mismo los grandes periodistas no se forman ni en las escuelas de comunicación ni en las salas de redacción de las grandes empresas periodísticas que se han empequeñecido ante el brutal crecimiento de Twitter y Facebook. Ahora los mejores periodistas se hacen a sí mismos en internet, desde luego casi todos ellos conviviendo (tuiteando sería, tal vez, la expresión más adecuada) con los profesionales del periodismo formados en lógicas más tradicionales pero que han entendido que, para no perder vigencia, deben ellos mismos ser solo unos más entre millones de tuiteros.

Si en los años cuarenta del siglo XX, como explicó García Márquez, los periodistas se formaban en las salas de redacción y en las parrandas y cafetines conviviendo entre ellos, hoy los periodistas se forman también, y sobre todo, en algo así como una sala de redacción, la más libre jamás conocida y desde luego más grande que cualquiera de las que existían hasta antes de Twitter y Facebook. Esta nueva gran sala de redacción son las redes sociales. Aquí no pocos tuiteros aprenden ahora mismo a escribir sobre los grandes novelistas porque están preocupados; sí, alarmados por todos los tuits que llevan tiempo circulando sobre la salud de un genio del tamaño de García Márquez.

Ya se recuperará el Gabo y, naturalmente, se dará tiempo de leer si no todo, mucho de lo que se ha escrito sobre él en Twitter, Facebook y en los blogs, en los que los nuevos periodistas formados en la convivencia tuitera con los viejos maestros del oficio han expresado, de todo corazón, sus deseos de que mejore pronto el gran escritor tan admirado.

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