lunes, 20 de agosto de 2012

Mujer divina



La atleta somalí Samia Yusuf Omar, a los 17 años de edad, conmovió al mundo en los 200 metros de los Juegos Olímpicos de Pekín, no por su victoria, sino por su derrota: llegó ¡con 10 segundos de retraso! en tan corta distancia.

El estadio, esa vez, la ovacionó. Y el mundo la adoró. Por el esfuerzo. Por exhibir lo que es el verdadero espíritu olímpico.

Hoy, medios de comunicación de todo el mundo dan cuenta de que Samia se embarcó en Libia con dirección a Italia, en una frágil lancha.

Buscaba un mejor futuro, como tantos migrantes ilegales en el mundo, pero murió en la travesía.

Quería llegar a Italia para seguir su carrera deportiva ante la falta de fondos de su país de origen hundido en guerras y miseria. Su madre hasta vendió un pequeño terreno para financiar su viaje.

Nacida en 1991, era la mayor de seis hermanos, hija de una vendedora de frutas y de un hombre que murió en uno de las múltiples conflictos en aquella nación.

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