sábado, 3 de diciembre de 2011

No, no puedo estar a favor del Teletón

Busqué en Google las palabras “filantropía y Teletón” y los siguientes fueron los primeros resultados, por lo mismo los más relevantes, que aparecieron:

“Teletón. ¿Filantropía o elusión fiscal?”

“Teletón. La falsa ayuda de la televisión a los niños”.

“El Teletón de Televisa: chantaje emocional, manipulación mediática”.

Después, en el poderoso buscador de internet escribí “caridad Teletón” y los siguientes fueron los primeros resultados que aparecieron:

“Teletón es publicidad y farándula, no caridad”.

“Teletón: Caridad para el X-BOX 360 de El Pollo”

“Teletón: la caridad en el lugar de los derechos”.

Al margen de la gran publicidad que recibe ese evento de Televisa, es un hecho que el Teletón es un evento desprestigiado. Y se entiende que lo sea:

Para empezar, sea cierto o no (y pienso que no lo es), muchísimas personas opinan que es una estrategia de las grandes empresas mexicanas para no pagar impuestos.

A la imagen del Teletón no le ayuda, al menos no con las personas inteligentes, la burda utilización del dolor de los niños discapacitados para ganar audiencia.

Y, claro está, la crítica más seria al Teletón es la de que acapara, en manos de compañías que en sus sectores productivos operan como oligopolios o monopolios, los donativos para la caridad.

Sobran las instituciones dedicadas a ayudar a los pobres, a los enfermos, a los marginados, algunas, como bien se ha dicho, dirigidas por voluntarios que lo hacen con absoluta generosidad, con total entrega, con vocación de servicio.

Pero a estas instituciones caritativas o filantrópicas mexicanas, algunas dignas del Premio Nobel de la Paz, y no exagero, cada año les llegan menos recursos de parte de la sociedad y el gobierno porque el Teletón los monopoliza.

Es terrible que obras verdaderamente maravillosas tengan que padecer crecientes penurias financieras solo por carecer del poder de manipulación mediática del señor Emilio Azcárraga Jean.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En mi país es casi un secreto a voces. Los organizadores del evento son propietarios de los medios de comunicación más poderosos y del equipo de futbol mâs controversial. Gran parte de la recaudación se utiliza en esos medios y se pagan árbitros y técnicos de otros equipos. Claro que eso "nadie lo puede comprobar".