viernes, 2 de diciembre de 2011

Fábula del Gallo que quería devorarse al Tigre

POR: DON BALÓN


Más que un partido de semifinal anoche en La Corregidora vimos una de esas contiendas en las que Ferretti decreta el empate y así sucedió; once nada tristes Tigres tragaron el trigo de una cancha custodiada por un Gallo Blanco que se fue exactamente así, en blanco, porque todo quedó en puros aleteos a la cabaña del guardameta Palos pero sólo en eso, simples aleteos de unas emplumadas aves que no pudieron cazar ni al Tigre ni a su domador.

El cuadro felino se conformó con una genialidad de Mancilla, que con un giro se puso de frente a la portería para sacar poderoso disparo hasta la colocación de San Liborio que de milagros ya sabe todos y sacó el manotazo salvador. Los queretanos hicieron su lucha con un Carlos Bueno que faltó a su apellido y un  punketo  Bofo Bautista, con un corte de pelo de figurita navideña de Pepsi que sin embargo no le ayudó en nada a la hora de definir la gran opción que tuvo al vaciar su disparo a un costado de la meta felina, haciendo que el graderío se lamentara (léase la anterior palabra sin separaciones por favor). Corrían los minutos finales de la parte inicial y una tenue aproximación norteña nivelaba las acciones de una primera mitad un poco cargada a favor de locales, pero el marcador se mantenía inmaculado al término de los primeros 45 minutos. Y si en la cancha había Tigres, Gallos, Lobos (Lucas), pues en la Televisión aparecía un Perro, pero este Bermúdez para relatarnos la segunda mitad en su fonético estilo de  zambombazos  y  tiritititos, pero ni esos ladridos que todo aficionado al fútbol entiende pudo levantar la emotividad de una semifinal atascada en el lodazal de la férrea marca y la aplicada cobertura del estilo del Tuca.

Trabado segundo tiempo que avanzó en la misma tónica, sólo con algunos chispazos de La Chilindrina, Damián Alvarez que igual que en la vecindad hacía maldades a los chavos que se dejaban en la parte baja del local, destacaron un par de aproximaciones complicando a la defensa queretana. Las bancas eran una película, "Dos tipos de cuidado", José Saturnino Cardozo y Ricardo Tuca Ferretti con la distancia kilométrica del reproche, construido por una declarativa semana que atrajo reflectores y separó entrenadores.

El partido avanzaba, la figura del guardameta felino se agigantaba con oportunas y muy seguras intervenciones, ya sobre el final el  Amauri  Ponce puso la última emoción al encuentro, quedando sólo en eso, la igualada estaba decretada. El tiempo agregado, apenas tres minutos,  corrió como un suspiro y al final Los Tigres del norte cantaban la ventaja del empate y el Gallo Blanco declaraba en voz de sus jugadores agitadamente entrevistados por unos reporteros despiadados ante el esfuerzo físico quienes recogían con sus micrófonos la promesa de estos engallados jugadores de cantar en un volcán, que ya hierve ansioso esperando rostizar al plumífero visitante que buscará la doble hazaña de devorarse a un tigre para después volar hasta la final del fútbol mexicano.

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