lunes, 28 de noviembre de 2011

RECUPERANDO LA FE... DERER

POR: DON BALÓN


Aquellos cineastas que prefirieron pasar el fin de semana en alguna bahía del Caribe enrojeciendo sus pálidas pieles, se perdieron la exclusiva de filmar una película en vivo, sin cortes, sin repeticiones ni equívocos de actores improvisados, sin ediciones de estudio para empatar el audio original con un tema de Danny Elfman, se perdieron también, la emotiva actuación de 20 mil extras que saltaron desde la tribuna para aclamar al protagonista de esta cinta de 3D venido casi de una cuarta dimensión y cuya hechura y volumen se la ha fabricado a fuerza de estupendos remates, maravillosos saques y por supuesto de las elegantes voleas colección toda de un exquisito Tenis, ese héroe se llama Roger Federer, quien oxigenado con una estrategia que lo revitalizó a un nivel supremo echó en 3 patadas (raquetazos para ser más preciso) a sus oponentes que buscaban graduarse del Torneo de Maestros en Londres y a quienes no les quedó más remedio que conformarse con presenciar una cátedra extraordinaria llena de ilustrativos ejemplos de cómo se juega al Tenis, de cómo se aprovecha cada esquina de ese alfombrado rectángulo decorado con una divisoria red que se emocionaba con el vértigo que le producían las violentas, las inevitables y potentes líneas que salían del brazo de un suizo que este fin de semana decidió seguir siendo leyenda y con esa afamada sincronía relojera de su patria se puso a tiempo para tomar la gloria que parecía alejarse por su rival más astuto, la edad.

Con parciales de 6-3, 6-7 (6) y 6-3 en dos horas y 18 minutos, Roger Federer liquidó al francés Jo-Wilfried Tsonga sembrado número 6, para re posicionarse en un valiente tercer lugar del ATP arrebatando de este sitio al británico Andy Murray, quedando tan sólo atrás del español Rafa Nadal y del serbio Novak Djokovic. Pero de todas las batallas libradas en este gran Torneo de Maestros, Roger Federer ganó la más importante de todas, la batalla contra sí mismo, porque la espiral de eliminaciones venía siendo ya una constante desafortunadamente para el suizo, la gloria es proporcionalmente leal para los triunfadores como nuestra chispa y afán para conquistarla y Federer tuvo esa llama que a veces se apaga en muchas relaciones, pero su regreso no pudo ser más luminoso como este retorno londinense, justamente como relámpago deslumbró a competidores y prensa internacional quienes jugaron fallidos pronósticos a favor de otros noveles tenistas, más no se imaginaban la estatura de proeza que este europeo nos iba a obsequiar.

Hay atletas disciplinados, con fortalezas genéticas y habilidades desarrolladas con estrategia y control pero también hay genios, artistas que suelen atreverse a competir sí con disciplina, sí con estrategia, pero también con la confianza soportada por su talento, Roger Federer es uno de ellos, las raquetas pueden estar contentas porque está de regreso el suizo que sabe cómo ganar con ellas jugando con la velocidad del rayo y el toque de un erguido esgrimista.

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