lunes, 28 de noviembre de 2011

El mágico Palencia

POR: DON BALÓN

Pocos futbolistas se han consagrado como Francisco Palencia, modelo de profesionalismo formado en las filas cementeras, el popular  Gatillero  deja una cascada de recuerdos todos ellos con estampas de victorias; de su obsesión por la competencia combativa me vienen a la mente momentos inolvidables como aquel gol al equipo italiano en Atlanta 96 o sus embates ofensivos ante los Esmeraldas del León para contribuir junto con Carlos Hermosillo a la consecución de la octava estrella de una Máquina Celeste muy distinta a la contemporánea, a la de hoy que está tristemente como para el museo del ferrocarril; otra imagen contundente y fresca es aquella de la enorme liguilla para salir campeón con Pumas el torneo pasado, metiendo la pierna, pasando con suavidad el balón y sí haciendo goles, grandes goles con la Universidad. En España escasas anotaciones, pero jamás un error grosero, cumplidor como el que más, sabedor de que su técnica no balanceaba con la Liga de las Estrellas puso entonces la determinación que siempre tuvo como sello.
 
Importó muy poco la violenta jugada con Vidrio en aquel duelo del Cruz Azul contra el Pachuca en donde el ex defensa tuzo le abriera una herida en plena cara, importó nada las rechiflas del aficionado celeste al verlo enfundado en otras camisetas, importó prácticamente una partícula verse marginado de la Selección mundialista  por el capricho de un soberbio Javier Aguirre, a Paco, le importó más su dedicación, su sacrificio en la cancha, su hambre para imponerse ante las circunstancias desfavorables, jamás se borrará de mi memoria el pedazo de pared que armó con Diego Latorre para echar de la liguilla al América en una eliminación emotiva para el muy sufrido Cruz Azul un domingo por la noche en pleno estadio Azteca.
 
Se va un gran jugador, se viene un entrenador con personalidad, con buena lectura del juego y sin duda mucho liderazgo. Gracias mágico Paco Palencia, hacedor de trucos fantásticos como conquistar un campeonato con Cruz Azul, calificar a la selección anotándole a Italia en unos Juegos Olímpicos, marcarle al mismísimo Boca Juniors en la propia Bombonera, competir en España y volver para vestir playeras cubiertas de gloria como la de Chivas y de Pumas llevando a este último literalmente de la garra hasta su más reciente corona. Adiós al futbolista, bienvenido el nuevo mariscal que comandará los destinos de éxito de quien confíe en su magia.

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