viernes, 28 de octubre de 2011

La Declaración de Ginebra: terrible guerra en México

Leo en La Jornada una nota sobre la Declaración de Ginebra, que es una iniciativa diplomática impulsada por Suiza.
 
Lo que ahí se plantea es simple y sencillamente terrible para nuestro país. Cito a La Jornada:
 
“La línea dura adoptada por México contra los narcotraficantes ha llevado la violencia a niveles más altos que en muchas zonas de guerra, pero el papel que Estados Unidos juega como proveedor de armas para los cárteles parece exagerado”.
 
Se refiere el texto mencionado a “un informe mundial sobre la violencia armada”, que destaca el hecho de que es por lo menos discutible “el éxito de la decisión tomada hace cinco años por el presidente mexicano Felipe Calderón, de usar el Ejército para combatir a los cárteles”.
 
Y es que “las muertes en México por la violencia generada por el narcotráfico han aumentado desde que Calderón Hinojosa asumió el cargo en diciembre de 2006”, lo que ha llevado a que algunas ciudades mexicanas padezcan “niveles extraordinariamente elevados de violencia, más altos que los que se encuentran en muchas zonas de guerra”.
 
Según ese informe suizo, Ciudad Juárez, Chihuahua es el epicentro de la violencia del narcotráfico. Pero no en Juárez hay muertos, claro que no.
 
“El gobierno mexicano ha declarado abiertamente la guerra a los traficantes de drogas, con resultados ambiguos. Si bien los cárteles se han debilitado y dividido, como resultado de luchas y reacomodos del poder, esto ha dado lugar a episodios de violencia aún más evidentes”.
 
Además, “la escalada de violencia ha generado tensión en las relaciones de México con Estados Unidos, y Calderón pidió a Washington que ponga freno a la gran cantidad de armas utilizadas por bandas de drogas, arsenales que provienen del país del norte”.
 
El problema es que un experto en armas, Keith Krause, que es uno de los autores del citado informe, ha dicho que no está claro que las armas utilizadas por los narcotraficantes mexicanos provengan de Estados Unidos.
 
Según ese especialista, “las fotografías sugieren que cantidades significativas de armas de tipo militar no cruzan la frontera de Estados Unidos, sino que proceden de Guatemala o del propio México”.
 
Al margen de lo anterior, es decir, independientemente de si hay dudas o no de que las armas del crimen organizado en México procedan en su mayoría de Estados Unidos, lo cierto es que estamos en guerra y que algunas de nuestras ciudades son las más peligrosas del mundo.
 
Y no estamos hablando solo de ciudades pequeñas o de mediano tamaño, sino de una metrópoli industrial como Monterrey o de centros turísticos de primer nivel mundial como Cancún.
 
Ya son casi 50 mil los muertos que, en su sexenio, ha dejado la guerra de Calderón, una cifra tan espantosa como gigantesca desde el punto de vista que quiere vérsele.
 
¿Cuántos muertos faltan?
 
Lo peor es que, a unos cuantos meses de las elecciones presidenciales de 2012, la violencia generada por la guerra contra el narco podría transformarse en violencia política, ya que no es descartable que las mafias decidan actuar contra los miles de candidatos que muy pronto andarán en campaña.
 
Está visto que con Calderón la pesadilla no terminará. Pero, no hay de otra, debemos ser optimistas.
 
Y, por lo tanto, debemos confiar en que, en cuanto cambie el gobierno, el próximo presidente y su gabinete entiendan que a la violencia no se le puede derrotar con más violencia. Que la única salida es el desarrollo, la educación y el empleo.

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