sábado, 10 de septiembre de 2011

Torres Gemelas, hace 10 años

Este domingo se cumplen 10 años del atentado que acabó con las torres gemelas de Nueva York y que, según algunos analistas, una década después sigue golpeando fuertemente al sistema financiero global. En efecto, buena parte de la incertidumbre económica que hoy agobia al planeta tiene su origen en el evento terrorista del 11 de septiembre de 2001.

Los acontecimientos importantes tan traumáticos se quedan imborrablemente guardados en la memoria. Pasan los años y todas las personas que teníamos cierta edad seguimos recordando con claridad lo que estábamos haciendo cuando aquellos aviones destruyeron a las dos torres neoyorquinas. Es así que uno de los ejercicios periodísticos más socorridos en estos días es el de pedir a diversas personalidades narraciones breves acerca de cómo vivieron los atentados de Al-Qaeda.

Por ejemplo, en El País se pueden leer los testimonios de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno español; de Josep Guardiola, entrenador del Barcelona; de Juan José Millás, escritor, y de muchas otras personalidades.

Creo que mañana millones de seres humanos realizaremos el ejercicio de recordar lo que hacíamos el día en el que Osama Bin Laden aterrorizó a toda la humanidad. Estarán llenos de estas historias los blogs, los mensajes de Twitter y Facebook, las conversaciones telefónicas y las charlas cara a cara. Por lo que a mí respecta, contaré enseguida cómo viví aquel 11 de septiembre.

Hace 10 años, con 22 de edad, ni me había casado ni había tenido hijos. Yo pasaba una temporada en la casa de mi abuela. La mañana del 11 de septiembre, antes de irme a trabajar a la Universidad Panamericana (por las tardes estudiaba la carrera de Pedagogía), advertí que había llegado a la casa una señora que ayudaba a mi abuela. Me di cuenta de que algo anormal ocurría por la agitación con la que ellas dos veían la televisión. Me acerqué a la recámara y pude ver cómo se estrellaba el segundo avión y cómo se venía abajo el gran edificio. Parecía una película de ficción, una de tantas producciones estadounidenses en las que algún ataque interno o externo destruye a Nueva York. Pero no se trataba de un filme exitoso, sino de la triste realidad.

Comprendí de inmediato la gravedad de lo que había ocurrido. Fue tan impactante ese atentado que, 10 años después, terminó por desestabilizar los pilares sobre los que se sostenía el sistema económico imperante.

Hace días leí un análisis publicado en la prensa británica, en el que el autor recordaba que Bin Laden, antes de ser asesinado, veía la televisión. El analista especuló que con certeza Bin Laden veía canales financieros en los que, desde hace años, lo único que se comenta es lo mal que está la economía. Seguramente el terrorista pensaba, antes de morir, que había logrado su propósito: golpear brutalmente al mundo capitalista donde más le duele, en los mercados.

Sin duda, el atentado de hace 10 años cambió la historia. Hoy estamos viendo, con la crisis económica que no cede, que lo cambió para mal. Mucho es lo que se tendrá que hacer para superar los problemas. 

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