miércoles, 28 de septiembre de 2011

Redes sociales y políticos

Hace tan solo unos años, cuando iniciaba la revolución de internet, a la humanidad la sacudió el desarrollo del correo electrónico. Se trató de un invento maravilloso que nos llevó, de un salto, a un mundo nuevo en el que, por obra y gracia de la tecnología, empezamos a ver casi como curiosidad histórica en vías de extinción a una de las actividades que han justificado la existencia de los gobiernos: el reparto físico de cartas de papel.

Pronto descubrimos que mediante esa innovación era posible enviar, sin mayor esfuerzo y prácticamente sin costo, cientos o miles de correos para compartir nuestra información. Entendimos también que, por tal vía, podíamos poner en manos de mucha gente el nombre o la liga de la página web que queríamos dar a conocer. Todavía recuerdo las cadenas de mails que invadían la red a las que, en lo personal, nunca hice mucho caso.

Qué tiempos aquellos.

En el libro “Twitter Marketing for dummies” de @kyleplacy leo que, en el arranque de la era digital, era tan maravilloso como sorprendente poder enviar correos electrónicos. Pero difícilmente podíamos compartir imágenes, artículos, vídeos o archivos de audio… algo tan elemental hoy en día.

Y es que, como dice correctamente @kyleplacy, hace 20 años la gente no compartía tantas cosas como ahora lo hacemos. Hoy, gracias a las redes sociales como Twitter y Facebook, somos capaces de compartir todo tipo de experiencias, ideas, pensamientos y sentimientos.

Durante los últimos días he estado estudiando sobre rasgos fundamentales de las redes sociales humanas y no deja de llamarme la atención cómo nos parece sorprendente lo que en ellas ocurre de forma virtual cuando esto es algo que hemos hecho desde que inició nuestra historia. La innovación de un mundo y de las comunidades tuiteras nos están dando una oportunidad distinta al momento de comunicarnos. 

¿Por qué funcionan Twitter y Facebook y otras redes sociales? Porque nos sentimos conectados. La conexión entre nosotros es lo que hoy nos tiene cautivos, experimentamos la necesidad de decir lo que pensamos, en dónde y con quién estamos, entrar en contacto con quien difícilmente lo haríamos en la vida real. Y no solo eso... también somos influenciados por otros, nos topamos con opiniones distintas a las nuestras que nos permiten cuestionar nuestras creencias o ideas.

En política (vivimos un momento político en México y resulta inevitable la referencia electoral), los usuarios de las redes sociales lo que buscan es contagiar. Varias veces me he hecho esta pregunta: si yo voto y lo comunico, ¿cuántas personas más es probable que también voten?

Por la forma en que los políticos de todos los partidos usan las redes sociales, es evidente que ellos están convencidos de que lograrán convencer a la comunidad de apoyarlos. Es, en tal sentido, un ejercicio que deja muchas enseñanzas el seguir en Twitter y Facebook lo que hacen, por ejemplo, los aspirantes a la jefatura de gobierno del Distrito Federal, como @Ale_BarralesM, @bbparedesrangel, @navarretecarlos, @martibatres, @DemetrioSodi y @mario_delgado1. Estos precandidatos, incansables, comunican sin cesar sus ideas, proyectos, actividades. Algunos lo hacen mejor que otros, pero todos se han entregado a las redes sociales con entusiasmo y creo que, cada día, dedican más tiempo y esfuerzo al internet que a las formas tradicionales de comunicarse con los electores.

Pero nosotros, los ciudadanos, no solo basamos nuestra decisión de votar o no, o por quién, en función de lo que hacen o dejan de hacer los políticos. Nosotros, que somos los actores principales de las redes sociales, estamos sometidos a interacciones con muchísimas otras personas, amigos, con familiares, con desconocidos que pueden llegar a afectar nuestra decisión de votar o no.

La gente, en efecto, puede verse influida con solo observar el comportamiento de sus conocidos. Incluso los encuentros fortuitos con personas extrañas pueden influir. Aunque no estemos estrechamente relacionados ustedes pueden, definitivamente, influir en mí como yo en ustedes. Pero, ¿tienen éxito los intentos planeados, como los que llevan a cabo los políticos, de influir en los demás? ¿Se extiende tal influencia al resto de la red?

Los expertos han observado una correlación entre las personas que están conectadas directamente y también entre personas que están conectadas indirectamente, a través de un amigo común. En otras palabras, si yo voto, aumento las probabilidades de que los amigos de mis amigos voten e inclusive de que lo hagan en el mismo sentido que yo. Los que analizan el comportamiento de voto han comprobado que los individuos tienden a congregarse en grupos que comparten ideas similares. Como resultado, la mayoría de los lazos sociales se dan entre personas que comparten los mismos intereses.  

Una intención de voto hecha púbica en Twitter puede traducirse en muchos votos para un mismo candidato. Interesante, ¿no? Pero, hay que subrayarlo, es difícil saber cuál es la característica de la comunidad virtual tuitera que necesariamente se impone en la vida real. Nuestra decisión de ir a votar puede resultar en una inmensa cascada de influencias gracias a estas nuevas formas de comunicarnos a través de la red. Y entre estas tal vez la menos importante sea el esfuerzo de los políticos por convencernos. Aun así, me encanta ver lo que los políticos hacen en las redes sociales, aunque normalmente a ellos no les sirva de gran cosa.

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