miércoles, 7 de septiembre de 2011

La guerra de Ebrard contra AMLO. Eso es el batresgate

El jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón, se ha encargado de que quede bien claro que él despidió a su, hasta ayer, secretario de Desarrollo Social, Martí Batres, porque este criticó al primero por haber saludado a Felipe Calderón al finalizar la ceremonia del quinto informe.

Este miércoles, según ha trascendido, Batres dirá en conferencia de prensa que eso no es exacto, que más bien se le despidió porque han crecido sus posibilidades de vencer a los aspirantes ebrardistas en la lucha por la candidatura de izquierda al GDF.

Es lo mejor que puede hacer Batres: tratar de convertir en una victoria personal lo que podría ser una dolorosa derrota política, mucho muy dolorosa ya que al perder el control de la Secretaría de Desarrollo Social se queda sin presupuesto, sin programas lucidores y sin estructuras para movilizar gente a lo largo y ancho de toda la Ciudad de México.

Creo que Batres se saldrá con la suya y que se convertirá, no necesariamente en el candidato del PRD, PT y Convergencia al GDF, pero sí en un fuerte dolor de cabeza para Ebrard y sus favoritos para llevarlos a la jefatura de gobierno.

Ignoro qué tanto subirá Martí Batres en las encuestas por este escándalo y no sé si le alcance para superar a los aspirantes que, en forma consistente, encabezan los sondeos: Porfirio Muñoz Ledo, Alejandra Barrales y Carlos Navarrete. Pero de que a Batres el despido que ha sufrido le servirá para posicionarse, no tengo la menor duda.

Se podrá argumentar que Batres merecía lo que le pasó, que nadie tiene derecho a criticar tan fuertemente a su jefe, que el ya exsecretario de Desarrollo Social fue un provocador que buscó que Ebrard lo castigara. Seguramente tendrán razón los que así piensen.

Pero de que Ebrard se equivocó al hacerlo en el último tramo de su sexenio, se equivocó, ya que en lugar de perjudicar a Batres lo ha beneficiado… a menos que…

… A menos que lo que Marcelo Ebrard haya buscado sea otra cosa.

Me inclino a pensar que a Ebrard la suerte y el destino de Batres le tienen muy sin cuidado, y que usó la sanción a su exsecretario de Desarrollo Social como un pretexto para algo mucho más fuerte: romper ya en definitiva con Andrés Manuel López Obrador.

Para nadie es un secreto que Batres es gente de Andrés Manuel, que si llegó al GDF no fue por invitación de Ebrard, sino porque AMLO así lo quiso. De hecho, varias veces antes Marcelo intentó despedir a Martí, y no lo hizo por no molestar a López Obrador.

No estoy diciendo que el precandidato de izquierda que AMLO prefiere para el GDF sea Batres, nada de eso. Es más, me atrevo a pensar que López Obrador ve con mayores simpatías a Muñoz Ledo, a Barrales y aun al procurador del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera. Solo estoy afirmando que Batres es un soldado de AMLO que llegó a la Secretaría de Desarrollo Social porque el tabasqueño así lo determinó.

Así las cosas, al despedir Marcelo Ebrard a Martí Batres, el verdadero mensaje lo dirigió el actual jefe de gobierno a Andrés Manuel López Obrador: “Andrés, ya no somos aliados”.

Lo peor fue el motivo que dio pie a las críticas de Batres a Ebrard, que llevaron a este a despedir al otro: el saludo a Calderón.

Y está además el contexto en el que se dio el despido: el día en que se lanzó una nueva campaña mediática, ahora desde Milenio y Radio Fórmula, basada en una encuesta de GEA/ISA (uno de cuyos socios es director del Cisen), para “demostrar” que Ebrard supera fácilmente a AMLO en los sondeos, incluso si solo se entrevista a los simpatizantes de izquierda.

Claramente Ebrard anda de luna de miel con Calderón. Tal vez el jefe de gobierno del DF sea, antes que Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel, la carta calderonista por si no termina de cuajar Ernesto Cordero, el secretario de Hacienda. O al menos este parece ser el sueño de don Marcelo, que creo vivirá un infierno cuando el lopezobradorismo, la principal fuerza política en la Ciudad de México, empiece a atacar. Porque, Marcelo no puede ignorarlo, a toda acción corresponde una reacción.

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