domingo, 4 de septiembre de 2011

Contra viento y marea

John Milton compuso "El paraíso perdido" totalmente ciego. Dictó los 10 mil 565 versos de este maravilloso poema épico. ¡Los dictó! Sorprende que no haya surgido de su pluma, sino de su boca una de las creaciones literarias más importantes de todos los tiempos. Se trata de una obra que todavía nos impacta, nos hipnotiza, nos seduce, nos ubica en el corazón de los más grandes problemas de la existencia. Y la realizó un genio que no podía ver.

Milton prueba que Borges no mentía al decir que la poesía tiene una entrañable amistad con la ceguera. Y la música, si nos atenemos a Beethoven, con la sordera.

Beethoven hablaba así de su deficiencia: "Por dos años, he evitado casi toda reunión social, porque me es imposible decirle a la gente 'hable más fuerte, estoy sordo'. Si yo perteneciera a cualquier otra profesión esto sería más fácil, pero en la mía el hecho es algo aterrador".

¿Aterrador? Para él oír más o menos o, incluso, no oír nada, como le pasaba muchas veces, no le representó ningún problema. Compuso, simplemente porque así lo decidió, la música más hermosa imaginable.

En el poema de John Milton, Satán le dice a Querubín: "... vileza es mostrarse débil, bien en las obras, bien en el sufrimiento".

No porque lo diga Satán deja de ser un pensamiento sabio. Condenemos al personaje por diabólico, perverso, desalmado, pero admitamos que, al menos en ese juicio, tenía razón: "Vileza es mostrarse débil".

La ceguera y la sordera no solo no vencieron a Milton y a Beethoven, sino que los impulsaron a ser simple y sencillamente superiores.

¿Por qué nosotros permitimos que cualquier obstáculo menor nos detenga? No porque no sepamos luchar, sino por la complejidad de tener que estar siempre combatiendo contra el infortunio.

Pero eso hay que cambiarlo porque, como dijo Albert Camus, si bien la lucha es difícil, las razones para luchar siguen estando claras.

Seguiremos adelante, de eso no hay duda.

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