sábado, 2 de julio de 2011

Dominique Strauss-Kahn y la veleidosa opinión pública

No sabemos si Dominique Strauss-Kahn es inocente de las acusaciones de violación en su contra. Por supuesto, tampoco sabemos si es culpable. La única certeza que tenemos, al menos la única que yo tengo, es que su caso ilustra, a la perfección, lo veleidosa que es la opinión pública. Y estamos hablando, ni más ni menos, que de la opinión pública mundial. 

DKS, como se le conoce sobre todo en Francia, no es cualquier personaje. Antes de ser acusado de violación por una camarera de un hotel de Nueva York, él era el director gerente del Fondo Monetario Internacional, es decir, uno de los jefes de jefes de las finanzas mundiales, y en su país encabezaba las encuestas de preferencias electorales previas a la contienda presidencial del próximo año.

El 15 de mayo, cuando la empleada de un Sofitel neoyorquino lo acusó de haberla violado, Dominique Strauss-Kahn fue casi universalmente condenado. El casi, esto es, la excepción que confirma la regla, fueron algunos de sus partidarios en Francia, no todos, que consideraron que el ahora ex director gerente del FMI había sido víctima de un complot.

Si unos pocos comentaristas lo defendieron, la inmensa mayoría lo condenó. Pocas veces he leído juicios más duros contra alguien. La acusación en su contra fue tomada por cierta en todas partes, a la par que crecían las condenas al hombre que parecía ser un terrible violador. Así, fuimos conociendo más y más historias de abusos sexuales de ese personaje, del que sus amigos lo menos que decían era que, si él se topaba en un elevador con cualquier mujer, de inmediato la acosaba de feas maneras.

Dominique Strauss-Kahn tuvo que renunciar al Fondo Monetario Internacional (lo que emocionó a Felipe Calderón quien quiso, con ingenuidad, ubicar en ese cargo a nuestro peso completo Agustín Carstens) y, desde luego, se esfumaron sus posibilidades de ser candidato presidencial en Francia.

Eludió la cárcel porque su familia pagó una multimillonaria fianza que lo mantuvo en arresto domiciliario a la espera de un juicio del que, no había ninguna duda, iba a resultar culpable, lo que le llevaría a pasar décadas en prisión.

Pero, de pronto, los fiscales de Nueva York que estaban decididos a acabar con Dominique Strauss-Kahn, desconfiaron de la mujer que había acusado al francés, filtraron sus temores al New York Times y permitieron que un juez liberara, sin fianza, a DSK.

No está claro que sea inocente. Lo único que se ha dicho es que la mujer que lo acusa resultó ser toda una fichita. Pero el caso es que, sin que el proceso en contra de Dominique Strauss-Kahn haya realmente comenzado, él ha pasado de ser universalmente condenado a que se le considere la víctima de una conspiración en la que participa el sistema de procuración de justicia de Estados Unidos.

En Francia, desde luego, encabeza de nuevo las encuestas (así lo he leído en el diario británico Financial Times) y su partido, el Socialista, analiza posponer las elecciones primarias para darle la oportunidad de participar…

Dominique Strauss-Kahn  ya es un héroe nacional en Francia y todos los que, dentro y fuera de ese país, hace unas semanas lo acusaban de ser un perverso violador, hoy lo consideran la víctima de una terrible injusticia.

Insisto, nunca supimos si era realmente culpable, y no sabemos si es realmente inocente. Lo único que está claro es que no hay un ser más veleidoso que la opinión pública.

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