jueves, 21 de abril de 2011

¿Y el dolor de ese padre?

Al finalizar la reciente marcha por la paz en Cuernavaca, el señor Javier Sicilia me concedió una breve entrevista.

Esperaba encontrarme con un padre de familia abatido, entristecido, dolido, atormentado por el asesinato de su hijo. No hubo tal. Entrevisté a un activista, a un guerrero, a alguien decidido a que la justicia impere en nuestro país.

No critico al poeta metido a luchador social. Nada de eso. En verdad agradezco que existan personas como el señor Sicilia, dispuestas a hacer lo que otras no podemos.

No es, desde luego, el primer poeta que se compromete con una causa, que participa en una guerra y que se lanza con todo a combatir a la injusticia. Hace algunos meses se celebró el centenario de Miguel Hernández, que no vaciló en tomar las armas contra el fascismo en la guerra civil española.

El hecho es que en Javier Sicilia, como en algunos otros que han perdido a un hijo en situaciones de violencia, el dolor de la pérdida ha dado paso a la rabia del activista.

Es el caso de Isabel Miranda de Wallace, una maestra que se convirtió en figura pública exigiendo justicia para su hijo asesinado y secuestrado.

Ha sido también el caso de Alejandro Martí, que adquirió notoriedad en las protestas que generó el homicidio de su hijo y que, por lo mismo, ha sido candidateado para diversos cargos de elección.

Fue el caso de don Luis Colosio Fernández, padre de Luis Donaldo Colosio; don Luis hasta un cargo de senador obtuvo por su exigencia de justicia.

Y es también el caso de doña Rosario Ibarra, actual senadora que lleva décadas no solo recordando a su hijo desaparecido, sino consolidando un importante movimiento nacional a favor de los derechos humanos.

Ellos, debido a circunstancias especiales, pudieron transformar el dolor causado por perder a un ser querido en el sublime compromiso con una causa nacional. Y su lucha, sin lugar a dudas, les ha hecho superar el sufrimiento.

¿Qué decir de los padres y madres que no han logrado convertir el dolor en liderazgo social o político? Lo obvio: que son padres y madres que no pararán de sufrir por la injusticia que no cesa, por la impotencia que nada remedia y por el miedo de que los asesinos vuelvan.

Los protagonistas de la guerra contra el narcotráfico, sobre todo Felipe Calderón y los mandos de la policía federal, el ejército y la marina, suelen prestar atención a los padres y madres de asesinados que se convierten en símbolos en la lucha contra la injusticia.

Entre ellos dialogan, se entienden o se critican, lo que en última instancia poco significa.

Fue una buena frase que quedó en eso, en solo una frase,  la exigencia de Alejandro Martí de “si no pueden, renuncien”.

La señora Miranda de Wallace empieza a dejar de ser escuchada por el gobierno porque su voz cada día incomoda más.

A don Luis Colosio lo ignoraron y aun lo usaron haciéndolo senador.

Doña Rosario simple y sencillamente es aborrecida en las cúpulas del poder político y militar.

Y Javier Sicilia, por sus protestas, ya es visto como un opositor político al que más le conviene al gobierno repudiar.

No, no es a unos cuantos líderes surgidos del dolor a quienes se tiene que escuchar. A los que debe atender, en forma urgente, es a las decenas de miles de padres y madres de asesinados que siguen llorando de dolor, los que no han alcanzado el consuelo  del heroísmo en la lucha contra la injusticia.

Ya no debe ser la estrategia bélica, sino la tristeza de decenas de miles que han perdido a un hijo lo que debe guiar la conducta de quienes insisten en que es justa y correcta la guerra contra el narcotráfico que a muchos, a millones en México, nos parece totalmente absurda.

2 comentarios:

srgonzalez dijo...

Totalmente de acuerdo. Me gusta mucho como estás escribiendo Natalia. Muchas felicidades. Incluir a viejos activistas como Rosario Ibarra de Piedra me parece de lo mas justo. Hay que evitar el olvido.

dani dijo...

Yo también estoy de acuerdo y creo que nos falta empatía, mente abierta para encontrar soluciones y gente en el poder que esté ahí realmente para el beneficio del pueblo. Mientras tanto muchos seguirán refugiados en el dolor, otros pocos lo convertirán en deseos de lucha y todos los demás verán por sí mismos....
Falta mucho amor por nosotros mismos, por lo que hacemos en el día a día, por nuestra gente y por nuestra patria.