domingo, 10 de abril de 2011

El destino fue su carácter

Como todo acostumbrado domingo, leo y reviso diarios con mucha más calma de la habitual. No es cosa rara en mí deleitarme con letras que encuentro en obituarios de diarios extranjeros. Leyeron bien, obituarios.

Y es que, al preguntarme quién escribe sobre las personas que murieron y nunca conocimos, me doy cuenta de que estos maravillosos textos son escritos cuando los personajes todavía viven. La muerte de un personaje relevante es una noticia que se da tarde o temprano.

Curiosa forma de la excelsa prensa española la de escoger personajes para preparar con tiempo el texto que sólo en un momento así podría ser publicada.

Hace poco menos de un mes, me encuentro con uno que especialmente me conmovió; el de una mujer de las letras y de la educación. Comparto con ustedes esto, no sólo por la extensa y exitosa labor en vida del personaje, sino por lo que ahí se relata.  Hablo de Josefina Aldecoa que, siempre didáctica y ejemplarmente sencilla en su amor por la narrativa, murió tras la triste paradoja de no recibir ninguno de los premios literarios que pretenden reconocer a las novelas que se publican en España.

Bien se entiende la maravillosa labor de quien escribe los obituarios, dando mención a los grandes momentos de la vida, y no a la muerte.

Josefina Aldecoa siempre dijo: "El destino es el carácter". Ya se ve que de ésta afirmación surgieron sus mejores novelas.

Reproduzco de el diario El País, la forma textual de lo que tan gratamente me conmovió aquel día:

"Fue en la presentación de uno de sus libros cuando Carmen Martín Gaite reprochó con vehemencia a Josefina Aldecoa no firmar su obra como Josefina Rodríguez, de La Robla, León, y Josefina confesó con una sonrisa paciente que no deseaba desprenderse, ni siquiera literariamente, del apellido del hombre con quien había unido su vida. Diez años tardó en asumir literariamente la muerte de Ignacio Aldecoa, y solo entonces volvió a escribir."

Algo curioso ocurrió también con el obituario de Elizabeth Taylor en el New York Times. La historia detrás de éste es que, el principal redactor del artículo, Mel Gussow, murió cinco años antes que la homenajeada. Aunque este hecho llamó la atención, parece ser un caso más común de lo que creemos.

Tras este gran relato de un detalle que marcó la identidad literaria de Josefina Aldecoa, puedo decir que a la prensa española, sin duda, se le dan bien los muertos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es dificil desprenderce de las cosas que amas, y por lo general siempre las recordaras, aun que ellas no mueran, sabes que ahi estan @J_revolución

Anónimo dijo...

Me encanta tu forma de escribir ademas de los temas que siempre nos compartes.
Eres de las pocas que se atreven a decir lo que piensany me doy cuenta de que por eso te sigue mucha gente.Sigue adelante Naty.