martes, 26 de abril de 2011

@M_Ebrard y el falso amor de los políticos

Hoy la columna principal de El Universal dice lo siguiente:

“El jefe de gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, hizo púbicos algunos de los motivos de su separación con Mariagna Prats. Según una entrevista que hoy comienza a circular en la revista Quién, ella no aguantó las presiones de la agenda pública y, seguramente, no le llevaría el paso en una campaña electoral. Ah, claro, el perredista dijo que en el futuro no se ve solito”.

Si entendí bien, Marcelo Ebrard Casaubón amó menos a su exmujer que a la vida pública y a una posible campaña electoral presidencial, a la que, por cierto, difícilmente llegará ya que Andrés Manuel López Obrador lo aventaja en todo.

Esto me recuerda, guardando las debidas proporciones, una novela de León Tolstoi, breve y extraordinaria, “La sonata a Kreutzer”, inspirada tal vez en la propia vida del escritor y que constituye, al mismo tiempo, un homenaje a Ludwig van Beethoven (quien, a su vez, había dedicado esa sonata al virtuoso del violín Rodolphe Kreutzer).

El protagonista de la novela, un aristócrata ruso, mató a su mujer por celos, pero se le absolvió porque mató para vengar la infidelidad. Aquellas leyes rusas… Su esposa lo había engañado con un violinista que la enamoró mientras interpretaban juntos, ella al piano y él al violín, la maravillosa Sonata a Kreutzer. El aristócrata no mató al músico porque, cuando ocurrieron los hechos, el noble varón estaba en calcetines, así que no pudo perseguir, para asesinarlo, al hombre que se había burlado de él. Sobre esto, el protagonista expresa una frase que es una de mis favoritas de toda la literatura: “No podía correr tras él en calcetines; mi intención era parecer furioso, no ridículo”.

Un genio Tolstoi, sin duda. Es que, claro está, en la vida todo es perdonable, menos el ridículo, cosa que Ebrard debería saber… pero, un momento, volveremos al jefe de gobierno más adelante.

La mencionada novela fue censurada en su época por las autoridades rusas y, en el franquismo, en las obras completas de Tolstoi que se editaban en España no se incluía por sus fuertes críticas al matrimonio que, por muchas razones, al escritor le parecía censurable… y eso que no conoció las bodas interesadas y falsas de nuestros Ebrard, Peña Nieto, etcétera.

La novela empieza con el protagonista viajando en tren e interviniendo en una charla que algunas personas de su clase sostienen sobre el tema del amor. A la pregunta de qué es el amor, alguien en ese tren responde que se trata de la preferencia absoluta de una persona sobre todas las demás. El protagonista da por buena la definición, pero enseguida cuestiona: Muy bien, el amor es la preferencia absoluta de una persona sobre todas las demás, pero ¿por cuánto tiempo? ¿Por toda la vida? ¿Por un año? ¿Por unas horas? El cinismo de estas preguntas desarmó a los interlocutores del protagonista de la pequeña obra de Tolstoi. Pero ni Tolstoi, con su genio, pudo añadir una pregunta clave hoy en día, en México, para entender la política: “¿El amor es la preferencia absoluta de una persona sobre todas las demás solo durante una campaña electoral?”.

Ignoro qué tan enamorado estaba Marcelo Ebrard de Mariagna Prats cuando ellos, al concluir las elecciones de 2006, se casaron. Sé que Ebrard se fue con Mariagna al plantón de Reforma y el Zócalo. Sé también que ellos eran los únicos que tenían, en aquel campamento de protesta, una tienda de campaña matrimonial o conyugal. Sé que circulaban chistes acerca de ellos, como este: “Oye, Marcelo, dijiste que si nos casábamos, me ibas a traer a vivir a Reforma, pero no aclaraste que era en medio de la calle”. Sé que, sin duda, la señora Prats no aguantó el ritmo de vida del ambicioso político (¡quién en su sano juicio lo aguantaría!). Sé que ella fue imprudente varia veces. Y sé que desde hace tiempo el equipo de asesores de Ebrard determinó que ella debía, primero, callarse, segundo dejar de aparecer en los eventos encabezados por el que era su marido y, por último, alejarse por completo de la vida del jefe de gobierno.

La señora, pues, independientemente de qué tan enamorado haya estado su hoy ex marido de ella, se convirtió en estorbo para un Marcelo Ebrard que quiere ser candidato presidencial (lo que yo veo tan lejos porque al Peje le tienen muy sin cuidado Ebrard y sus aventuras emocionales). Así, como los kleenex, la mujer ya fue desechada. Se le usó, sirvió, dejó de servir y a buscar otra. Porque Ebrard, que más que un hombre con sentimientos reales es una máquina de cálculo político, evidentemente ya anda en la búsqueda de la compañera ideal, es decir, no la que ame profundamente, sino la que más le ayude en una campaña a la que él cree que va a llegar…

Ebrard seguramente piensa que si a Enrique Peña Nieto le funcionó buscar y encontrar, asesorado por Televisa, una compañera a la altura de sus aspiraciones políticas (conste, no a la altura de su corazón, en el que por el momento no caben emociones cursis como el amor), pues qué caray, él también debía hacer lo mismo.

Y bueno, ya Ebrard empieza a decir, como anticipa El Universal, que buscará a la mujer ideal… ¡para la campaña! Y lo dice el jefe de gobierno no en cualquier parte, sino en el mejor espacio para discutir esta clase de asuntos tan trascendentes para la patria, la revista Quién, el paradigma de paradigmas de la frivolidad mexicana.

¿A qué mujer elegirá Ebrard para que lo acompañe en esta etapa en la que buscará, creo que sin posibilidades de éxito, arrebatarle a López Obrador la candidatura de izquierda?

Podría ser una periodista metida a funcionaria pública. Ahí está, soltera desde hace rato, Marcela Gómez Zalce. Marcela y Marcelo son almas gemelas: ambiciosos, interesados, dispuestos a todo con tal de consolidar su poder, capaces de generosos sentimientos de amistad y amor solo si la amistad y el amor les sirven para escalar posiciones.

La nueva señora Ebrard podría ser otra actriz. Tal vez Lucero, quien ya oficialmente rompió con ese pésimo cantante que es Mijares. Lucerito sería una buena competidora de la Angélica Rivera de Peña Nieto.

O podría ser una política. ¿Qué tal Alejandra Barrales? Es linda esta señora y simpática y se le nota que no tendrá ningún problema en aceptar que el amor es la preferencia absoluta de una persona sobre todas las demás durante una campaña electoral.

O se podría Ebrard buscar una empresaria. Ahí anda, disponible, tronó con el exembajador gringo Tony Garza, la multimillonaria María Asunción Aramburuzabala, que cuenta con la ventaja adicional de haber tenido fuertes intereses en Televisa, de pertenecer a la familia de uno de los anunciantes más importantes de la televisora, Grupo Modelo, y de ser muy cercana a los que mandan en tan influyente empresa. 

El caso es que, por solidaridad femenina, un consejo doy a las aspirantes a compañeras de Ebrard: lo más que el jefe de gobierno puede prometer es que se amarán durante una precampaña electoral… pre-cam-pa-ña porque, perdonen la terquedad, para llegar a la campaña Ebrard tendría que pasar por un impasable López Obrador al que, ciertamente, no le importa en lo más mínimo lo que Marcelo prometa o deje de prometer a sus mujeres.

3 comentarios:

Álvaro Ancona dijo...

Agradablemente sorprendido por el filo de tu pluma. De sangre le viene al galgo.

Álvaro

Anónimo dijo...

Apoyo el comentario delescritor Alvaro Ancona. Excelente columna Natalia, gracias.

Anónimo dijo...

Ebrard oportunista siempre fiel discipulo de Camacho mal hizo la izquierda en adoptarlos ha criado cuervos