sábado, 19 de marzo de 2011

La guerra en Monterrey y el escaso liderazgo empresarial

Mi columna, del 16 de julio de 2010, provocó una reacción que yo no esperaba, que me sorprendió y que, desde luego, todavía agradezco de parte del ingeniero Lorenzo Zambrano, presidente de Cemex y del Tecnológico de Monterrey.

Titulé ese texto "Monterrey no tiene un Carlos Slim" y dije, palabras más, palabras menos, que en la crisis del huracán Alex, que devastó a la capital de Nuevo León, no aparecieron los liderazgos que hicieron grande, en el pasado, a la Sultana del Norte.

Pensaba, y fui muy clara al respecto, en los liderazgos empresariales regiomontanos, ya que Monterrey nunca se ha distinguido por ser cuna de políticos.

Así que, aclaré, si a nadie sorprendía la ineficiencia de un político como el gobernador Rodrigo Medina, todo México lamentaba la ausencia de los hombres y las mujeres de negocios de Monterrey en la crisis.

Me molestaba, y lo expresé con toda claridad, ver a los empresarios regiomontanos tan echados para atrás, inmóviles, retrocediendo, asustados, sin iniciativa e inclusive sin ganas de encabezar la reconstrucción de esa ciudad que, por el bien de México, debe volver a ser próspera.

Y, para rematar, dijo que la sociedad regiomontana sufría de más por no contar, actualmente con un personaje de los tamaños del chilango Carlos Slim.

El ingeniero Zambrano me respondió en Twitter diciendo que no sólo yo no entendía lo que ellos, los empresarios regios, hacían por la reconstrucción de su ciudad, sino que yo era injusta en mis comentarios.

El hecho es que, lo admito, mi columna fue injusta con Lorenzo Zambrano, que sigue firme luchando no sólo por la reconstrucción de su ciudad, sino por regresar la paz a una sociedad, la regiomontana, que la ha perdido.

Porque, como el mismo Zambrano dijo posteriormente en Twitter, otros empresarios de Monterrey no han estado a la altura de la crisis terrible en la Sultana del Norte, que sigue sin acabar de reconstruirse, sino que está en el centro de la guerra contra el narco.

Muchos ríos de sangre han corrido desde que publiqué la mencionada columna. Y muchos empresarios ("cobardes", los llamó Lorenzo Zambrano en Twitter) literalmente han huido de la ciudad.

En el diario El País, recientemente, Zambrano fue entrevistado y volvió sobre lo mismo: "No se vale que sus líderes, es decir, aquellos con mejor posición económica, abandonen la ciudad a la que le deben todo."

Es decir, la premisa de esta columna de julio del año pasado sigue siendo válida: ha fallado el liderazgo empresarial en Monterrey. Lástima.

En seguida reproduzco dicho texto.



Monterrey no tiene un Carlos Slim

Entiendo lo que dicen mis amigos y familiares de Monterrey: que el Gobierno Federal debe actuar con mayor prontitud y eficacia para reparar los daños causados por la tormenta "Alex".

Pero lo que no puede negar ningún regiomontano es que en esta crisis no han aparecido ni sus liderazgos políticos ni, mucho menos, sus liderazgos empresariales.

A nadie sorprende la ineficiencia de un político como el gobernador Rodrigo Medina.

Lo que sí no esperábamos muchos era ver a los hombres y las mujeres de negocios de Monterrey tan echados para atrás, más que inmóviles, retrocediendo, asustados, sin iniciativa e inclusive sin ganas de encabezar la reconstrucción de Monterrey.

No tengo duda de que la sociedad regiomontana está sufriendo de más porque no cuenta en estos momentos con un solo personaje, ya no digamos de la altura del chilango Carlos Slim, sino al menos con la mitad de su talento y arrojo.

Monterrey no tiene un "Calos Slim".

En otros tiempos, es perfectamente sabido, hubo empresarios regiomontanos con liderazgo y visión para entrarle de frente a los grandes problemas de su comunidad.

Ya no los hay.

Lorenzo Zambrano está tan ocupado buscando cómo pagar las deudas de Cemex, que no tiene tiempo de voltear a ver las calles y las casas destruidas.

La familia que controla el Grupo Alfa está tan angustiada ante la posibilidad de que uno de sus miembros sea llevado a juicio por la PGR (Mauricio Fernández, el Alcalde de San Pedro), que ha puesto en planos muy secundarios la reconstrucción de la ciudad.

El Presidente de Femsa, José Antonio Fernández, feliz todavía por haber vendido a holandeses la cervecería Cuahutemoc, no está dispuesto a empañar su alegría ocupándose de los problemas de una metrópoli en la que éste poblano no nació, y que por lo mismo no siente suya (sí es de él una gran compañía que no fundó y a la que llegó por la vía legítima del matrimonio).

Los Sada de Vitro están quebrados.

Desde hace décadas la Fundidora es un parque y hoy se le recuerda porque ahí empezaron su hazaña los niños beisbolistas de la película "El Juego Perfecto".

De la grandeza empresarial de Monterrey no queda nada.

Tanto que nos critican los regiomontanos a los chilangos porque ellos son los emprendedores, dicen, y nosotros los "privilegiados" del centro.

Pero en el D.F. tenemos a Slim, que creció, si no estoy mal informada, en la colonia Polanco y se educó en la UNAM.

Que no nació pobre, pero tampoco heredó un imperio.

Que no se achicó cuando vinieron todas las telefónicas del mundo a competirle (las hizo pedazos aquí y por eso no lo han dejado entrar a Estados Unidos).

Que a pesar de las evidentes diferencias ideológicas, colaboró cuando tuvo que hacerlo con el izquierdista Andrés Manuel López Obrador en el rescate del Centro Histórico de la Ciudad de México que hoy da gusto recorrer.

Que financia una Fundación cuyos logros no pueden ser ignorados por nadie, ni siquiera por sus enemigos ideológicos o por sus rivales empresariales.

Segura estoy de que si aquí en el D.F. se presentara una desgracia como la de Monterrey, no sólo vería a Carlos Slim, a diferencia de sus colegas regiomontanos encabezando esquemas oportunos de reconstrucción, sino que lo vería también, a pesar de su edad, entre los escombros tendiendo la mano a la gente.

He escrito esto nada más para destacar el hecho de que está bien de que Monterrey pida o exija que el Gobierno Federal se ponga las pilas.

Estaría mejor que los propios regiomontanos se las pusieran también.


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