jueves, 24 de marzo de 2011

24 de marzo

Si el 23 de marzo de 1993 fue un día de horror en México, el 24 de marzo de 1976 fue algo todavía peor para Argentina. Hubo en aquel país extraordinario un golpe de estado.

Ese día, en Argentina, Isabel Perón fue detenida y trasladada a la provincia de Neuquén. Inmediatamente después, una junta de militares asumió el poder. La integraban el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Eduardo Emilio Massera y el brigadier general Orlando R. Agosti.

A partir de ese momento, Videla se convirtió en un sanguinario dictador. Por la fuerza de las armas destruyó toda clase de disidencia. Reprimió, así, a políticos demócratas, a líderes sociales y sindicales, a académicos e intelectuales.

Argentina, por ese golpe de estado, vivió el terror verdadero. Leo en internet que con Videla los argentinos vivieron el proceso autoritario más sangriento de su historia: “Estudiantes, sindicalistas, intelectuales, profesionales y otros fueron secuestrados, asesinados y ‘desaparecidos’. Mientras tanto, mucha gente se exilió”. Muchos de los perseguidos llegaron a México, y aquí hicieron sus vidas.

Pues bien, leo hoy en Clarín, diario líder de Argentina, una columna de Ricardo Roa (“Una mala fotocopia de los 70”) que voy a reproducir simple y sencillamente por todo lo que me ha impactado:

El 24 de marzo no brotó por generación espontánea. Llegó precedido de una fragilidad institucional tan profunda que parecía a punto de romperse cada día. Y de una violencia que era casi un sinónimo de la política: la lucha armada era aceptada por muchos como una alternativa válida. Había atentados y muertes cotidianas provocados por los grupos guerrilleros y la banda parapolicial de la Triple A. El golpe no puede ser entendido sin entender esa crisis.
“Vino después el terror como política de Estado y la huida hacia adelante que los militares imaginaron con Malvinas. La guerra se perdió por goleada. Y en el largo paréntesis de hibernación cívica hubo de todo: los que sufrieron y los que no se enteraron. También quienes sabían y miraron hacia el costado por miedo. Los que apoyaron y aún los que sacaron provecho.
“Es el día de la memoria y honrar la memoria no es decir cualquier cosa sobre lo que ocurrió sino contarlo tal y como ocurrió. Leer los años 70 sólo como una epopeya de militantes que deben ser exaltados contra los genocidas es tan distorsivo como calificarlos de lo contrario.
“En algún punto es borrar la memoria mientras se vocifera que la recuperan. Pero el Gobierno encontró en la manipulación de los derechos humanos un combustible político. Y para algunos ni siquiera importa que los Kirchner hayan sido militantes imperceptibles: recién se interesaron por el tema cuando llegaron al poder.
“La memoria de la dictadura, que es para cualquier persona honesta la memoria del horror, debe pensarse y repensarse, como la del tiempo que la precedió. Rescatar toda la complejidad de esos años terribles para entender qué nos pasó como sociedad. Mirar atrás no para quedarse en los 70 sino para no repetir sus errores”.

Es bueno recordar el 24 de marzo argentino para entender lo que podría pasar en México si, en los procesos electorales que viviremos en 2011 y 2012, se repite aquel aciago 23 de marzo de 1994.

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